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tercera parte
16. Que se vayan todos: Buenos Aires 2003
participación. f. Acción de participar // f. Aviso,
noticia - participar. Tener o tomar parte de una cosa // dar parte, notificar
- partido. m. Conjunto de personas que siguen a una misma opinión
o juegan contra otras // m. Resolución que uno adopta // m. Provecho,
ventaja // m. distrito // m. dep. serie de jugadas hasta un limite determinado
- elección. f. Acción y efecto de elegir // f. Designación,
que regularmente se hace por votos, para algún cargo, comisión,
etc. // f. Libertad para obrar // f. pl. Emisión de votos para
designar cargos políticos o de otra naturaleza // primarias. f.
pl. Las que se hacen para designar a un candidato en unas futuras elecciones
- líder. (Del ingl. leader, guía) com. Persona a
la que un grupo sigue reconociéndola como jefe u orientadora //
com. Persona o equipo que va a la cabeza entre los de su clase.
El Gobierno Nacional llamó a elecciones para abril
de 2003. Si se continuase con la desobediencia electoral y el rechazo
a los comicios que caracterizó a las últimas elecciones
podría esperarse un rotundo fracaso de tal llamado. Pero es imposible
hacer cualquier anticipo o suposición. Luego de la cantidad de
sucesos mayores y pequeños ocurridos en el último año
nadie sabe, con un mínimo de precisión, cuál es el
estado político de la población. En Buenos Aires se respiran
los tradicionales vahos veraniegos cargados de una solitaria vacuidad.
En Enero y Febrero Buenos Aires suele transportarse a otro mundo en el
que se suspende todo. Sin embargo los grupos de piqueteros siguen manifestando
su existencia y su disconformidad, siguen exigiéndole al Estado
un cambio de actitud y también siguen activos en los barrios de
la periferia. Los Medios de Formación de Masas siguen ocultando
lo importante y rellenando con pseudoinformación para mentir suficiencia.
Pero esa aparente normalidad que pareciera asemejar este verano con los
anteriores, oculta una activación ideológica de muy difícil
marcha atrás. Desde diciembre de 2002 muchos comunes recuperaron
una movilización que estaba adormecida y que no han de resignar
muy fácilmente. En muchos barrios se ha vuelto a establecer un
vínculo entre vecinos que la intoxicación posmoderna del
neoliberalismo menemista de los noventa había eliminado casi por
completo. Una leve, muy leve, fisura se ha producido en el muro de entreclases
que separa los estratos más bajos de esta sociedad. No hay que
confundirse, de ninguna manera, con una supuesta renovación cultural,
ni con ninguna reconstrucción de tejido social alguno, ni con ninguna
renovación de la conciencia de una pequeña burguesía
que todavía sigue y seguirá comiéndose al trabajo
sin hacerse cargo. No hablo de una panacea que señale el sendero
al paraíso. Hablo de un airecito y ni siquiera, de una leve apertura
en la piedra, un suspiro sutil que avisa que hay una ruptura posible.
En abril habrá elecciones. Candidatos sobran como sobran los motivos
para no atenderlos. Si hay una elección en la que no participar
es esta. Si bien la Mentira Democrática no depende de tal o cual
demócrata, es rotundo el significado de estas elecciones. Desde
que el peronismo derrocó a De La Rúa se alimentó
una tensión social preexistente que ha desgastado la estructura
de Poder. Y la desgastó en tanto que lesionó su legitimidad
hasta fortalecer el desprestigio. Por eso, desde los días del Gran
Renunciamiento (44), todos los Funcionarios
del Poder hicieron mención a la anarquía como sinónimo
de un caos del que sólo podía librarnos la restauración
del Orden Político para la Reconstrucción de la Patria.
Este es el significado que tienen las elecciones de abril: la Restauración
del Orden Político para la Reconstrucción de la Patria.
El Poder busca legitimación, busca la rúbrica de la complicidad
del sometido, busca un "recibí conforme" ante la entrega
del anzuelo que no le permita protestar después
(45).
Una vez más insisto en la importancia de asumir, desde la autogestión
y desde la acción directa, la atención de las necesidades
propias de las comunidades en las que vivimos, marginalizando la economía,
la enseñanza y la formación, en definitiva, la toma de decisiones
sobre todo lo que afecte a la vida comunitaria. Y digo marginalizar porque
es perceptible que aún el eje de todo análisis de la vida
social está trazado por y para el Estado como epicentro de nuestra
existencia social.
Buenos Aires es una ciudad inmensa por extensión y por concentración
de habitantes. Como toda ciudad capital ha tomado una dimensión
exagerada. Es imprescindible que la actividad barrial coordinada avance
hacia la reducción de las poblaciones implicadas en cada comunidad
como oposición práctica y activa ante el sobredimensionamiento
del cuerpo social como perverso justificador de las estructuras políticas
actuales. Es un largo camino que se nos muestra mucho mayor que nuestra
capacidad de transitarlo, pero esta sensación se corresponde con
la distorsión en la mirada que nos pone como individuos antes que
como sociedad, que nos impone la meta individual para que tenga sentido
el tránsito. Es necesario enfatizar la idea de que la solidaridad
entre comunes no está confinada a la contemporaneidad sino que
tiene también una proyección temporal que la extiende hacia
futuro y pasado, haciéndonos saber que no nos acabamos en el dedo
gordo ni en la coronilla. Somos la continuidad de los asesinatos de la
comuna de París, de las comunas agrarias de la revolución
española, de las Purgas Soviéticas. Somos la continuidad
de los traidores de La Higuera, de los sacco y vanzetti, de los Mussolini
y de los malatesta. Somos, en definitiva, la continuidad de las virtudes
y miserias de una sociedad que evoluciona a las trompadas. Y todo esto
multiplicado por cada uno de los siglos que tengamos en nuestra memoria,
por cada uno de los episodios de una tragedia ya no tan dialéctica,
donde protagonista y deuteragonista se confunden en una similitud rayana
en la identidad. Somos la continuidad histórica de una maraña
de bondades y maldades, de corduras y locuras, de solidaridades y de mezquindades.
Y es en ese sentido, desde esta insoslayable continuidad, que nos vemos
ante el cuestionamiento fundamental: cuáles son los trazos que
queremos continuar.
Las generaciones futuras tendrán como antecedente lo que hagamos
hoy. Si es importante destruir el Poder lo es tanto para un nosotros de
contemporáneos como para un nosotros a futuro. Y esa importancia
también nos muestra que lo que hagamos puede señalarse con
la dirección del dicho al hecho, que puede ser la consumación
práctica de nuestras ideas y esa coherencia, esa forma visceral
de la realización, es uno de los placeres más plenos que
un individuo puede gozar. De nuevo, una vez más, llegamos a una
forma del encuentro entre individuo y sociedad que nos propone el vínculo
existencial y la virtud de las ideas llevadas a los hechos a través
de la voluntad. No votar en las elecciones convocadas para el 2003 es
una forma útil como recipiente de un cambio de actitud, de una
renovación de hábitos en lo que hace a la participación
social.
La Escuela nos instruyó con gran precisión acerca de la
importancia de la participación en la vida Democrática.
Como reacción en contra de una Dictadura Oligárquica que
adormeció a la población matando a los despiertos, que explicó
con capuchas, picanas y fusiles que no había que involucrarse en
nada que no fuera el Mundial de Fútbol, la Escuela Democrática,
luego de la victoria, dijo que la Participación era la forma de
la libertad en el nuevo mundo de la Libertad y la Representación
Popular. Dijo, como Thomas Hobbes, que lo que hiciera el Soberano era
responsabilidad de los Súbditos, y que no podríamos quejarnos
del sojuzgamiento si no participábamos en él diciéndole
al Todopoderoso Gobierno Republicano quién queríamos que
fuese el monigote que firmara los decretos. Y no hay que menospreciar
la influencia de la Escuela, tan fielmente escoltada por los Medios de
Formación de Masas. A nadie se le ocurriría decir que el
Poder no sabe lo que hace.
Por eso, por todo esto, es importante y hasta imprescindible asumir, de
una vez por todas, que participación es acción directa,
que la representación es una mentira bien pintada, que nuestra
experiencia social ya es buen removedor para esa clase de pinturas, que
ya no compraremos espejitos de colores en los cambalaches democráticos
de los Comicios y de los Parlamentos. Pero tampoco vamos a creer que no
votar es suficiente, porque entraríamos en el mismo juego de quedarnos
en la periferia del asunto. Se trata de construir una sociedad acorde
a los principios libertarios según los entendamos desde abajo,
sin Doctrinas y sin Dogmas. Se trata de dar los primeros pasos de un camino
que ha de transitarse por generaciones, desde aquí hasta la anarquía.
La inmediatez de la acción es más importante que la inmediatez
de los resultados. Si esperamos ver las consecuencias prontamente comeremos
el cebo que nos ofrecen para que no tengamos capacidad de proyectarnos
en el tiempo. Una de las justificaciones más comunes del liderazgo
apela a la capacidad de algunos de ver un panorama más amplio que
el resto, pero nunca atiende al hecho de que esa capacidad está
en función de una perspectiva y de una actitud, de una circunstancia
social que responde, como todas, a una infinitud de influencias que no
hacen de la capacidad un privilegio sino la manifestación de algo
que puede realizarse. Es imprescindible que el panorama de nuestra realización
se abra al máximo, que en cada uno de nosotros los comunes se manifieste
la capacidad que sólo da el encuentro, y que la capacidad individual
se asuma como bien común en virtud de un vínculo social
libertario. El liderazgo aplaca, reproduce el Poder aunque no quiera porque
sostiene en sí la representación, porque alimenta la evasión
de algunos ante la necesaria autonomía de todos.
La palabra líder, venida del inglés leader, significa guía,
conductor, lo que en latín es itineris dux, guía, o ductor,
conductor, descendientes de dux, jefe, que nos remonta a la indoeuropea
potis, que nos llega a través de la palabra Poder. Y si a eso agregamos
descendencias como producere, producir, rendir fruto, o ductilis, manejable,
dúctil (46), nos volvemos
a encontrar con una coherencia en el idioma que nos muestra la matriz
ideológica con la que habrán de formarse las piezas del
pensamiento único. Por donde lo miremos, nuestra palabra nos habla
de nosotros mismos, mostrándonos una red fundamental y subyacente,
una Ideología en la que estamos, queramos o no, involucrados todos.
Desde que la palabra es logos, nuestra visión del mundo se volvió
más y más dependiente de nuestro pensamiento. Y este pensamiento
es palabra, viene de ella y a ella vuelve. La profundidad de la asociación
es tal que no hay malicia cuando no es deliberada. No siempre hay voluntad
detrás de ella. De hecho, lo más grave de este asunto es
precisamente eso. La infinidad de relaciones alcanza un grado de "naturalidad"
que se filtra a través de toda interpretación, de toda vivencia,
de toda acción. El mundo es del color del cristal con que miramos;
pocas frases en la historia más contundentes que esa para decirnos,
no sobre el mundo, sino sobre nosotros mismos.
El enemigo común, entonces, es un enemigo de adentro, un enemigo
interno que se expresa a veces más, a veces menos. Cuanto más
lo conozcamos y cuanto más sepamos de él (de nosotros) más
capacidad tendremos para enfrentarlo. Y en un nosotros vincular, mirar
hacia adentro es mirar hacia afuera. Y esa mirada, que pretende evitarse
con un aceitado mecanismo de control social, depende de cuánto
seamos capaces de construir y resistir. Por eso es imprescindible que
la inmediatez no nos automatice y nos entregue, dúctiles tan dúctiles,
a la previsibilidad.
Una cosa es la inmediatez de resultados y otra contraria es la espontaneidad.
La espontaneidad se arrima más a la acción directa, conectada
inmediatamente con la necesidad auténtica, y habrá que saber
combinarla con la capacidad de proyección, con la consideración
de un panorama cada vez más amplio. Los Medios de Formación
de Masas, la Escuela y la Moral son instrumentos de control porque anulan
la espontaneidad fabricando necesidades funcionales al sometimiento. La
auténtica necesidad se observa en la cotidianeidad de la acción
si ponemos el tablero a nuestra altura, si jugamos la partida en los barrios
y no en las oficinas de los organismos internacionales. El Gobierno Nacional
y la Dirigencia Política proponen las futuras elecciones como una
necesidad, como la única posibilidad de salir de una situación
que en realidad ha sido generada por ellos y que sólo puede perpetuarse
con la inyección de Ideología.
Por eso este momento adquiere otra relevancia. Si logran distraer nuestra
mirada volverán a conseguir que la condena se confunda con la libertad.
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