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segunda parte
13. Anarquismo y anarqu!a

anarquismo. m. Doctrina que propugna la desaparición del Estado y de todo poder. . m. Movimiento social inspirado por esta doctrina - anarquía. (Del Gr. anarcia) f. Ausencia de poder público // f. Desconcierto, incoherencia, barullo // polit. Estado patológico de la vida política de los pueblos, caracterizado por querer mandar muchos y obedecer pocos // f. Desorden // f. Moderna teoría que es contraria a toda organización política y social - militancia. f. Condición de militante // f. Conjunto de militantes en una determinada organización.

El anarquismo, además de ser un tronco Doctrinal que dio origen a diversas Doctrinas, es un movimiento social que ha luchado históricamente por la emancipación de los oprimidos, a contrapelo de una sociedad duramente represiva. Sostuvo posiciones que el correr de los años mostró como muy lúcidas en momentos de gran oscuridad, y actualmente aglutina y moviliza a sectores que, gozando de completa autonomía, avivan la llama de un fuego renovador. Sin embargo, en mi opinión, la carga Doctrinal y Científica, tanto como un positivismo depositario de certezas, alejan al anarquismo de la anarquía. Quiero decir que entiendo a la anarquía como un estado de cosas al cual ha de llegarse con el esfuerzo de una sociedad comprometida con el simpoder mientras que la carga doctrinaria y científica del anarquismo lo han intoxicado con aquello que quiere destruir.
Nacido de la simiente revolucionaria del siglo dieciocho, es para mediados del siglo diecinueve cuando comienza a fortalecerse en tanto movimiento. No obstante es heredero de cuestionamientos a la autoridad tan antiguos como diversos. Metodológicamente transitó muy distintas experiencias que, generalmente fundadas en una u otra corriente doctrinal, generaron oposiciones internas de tal magnitud que más de una vez pudo hacerse difícil distinguir entre un adentro y un afuera.
Desde posiciones completamente pacifistas hasta la reivindicación metodológica del terrorismo y del atentado (26), pasando por la tensión entre anarcosindicalistas e individualistas, por la fe en el progreso tecnológico y el naturismo radical, y larguísimos etcéteras, en el seno del anarquismo coexisten las más diversas contradicciones y diferencias que se puedan concebir. Tal vez, a su modo, estas contradicciones internas hayan sido las que le permitió avanzar y fortalecerse, siendo que, más allá de sus contradicciones, ha sido el movimiento más reprimido por el Poder en los últimos dos siglos y todavía lo sigue siendo. Y también es importante destacar que las tan distintas vertientes internas que contiene dan cuenta de la profunda convicción libertaria que las engloba.
La militancia en el anarquismo estuvo siempre enmarcada en un nivel de compromiso e idealismo tan fuertes que en más de una ocasión generó admiración y simpatía por parte de individuos y grupos que nada tenían ni tienen que ver con la lucha que esa militancia sostiene. De hecho hay ciertos momentos de crisis en los que el anarquismo es considerado entre simpático y pintoresco por parte de un estrato más bien bajo de los Demócratas progre, el mismo que ha de aplaudir al Policía que los encierre cuando sean Gobierno. Y es que los Héroes Míticos del anarquismo reproducen el mito del Héroe, tan afecto para nuestra cultura Occidental y Cristiana. Es en este sentido, en la correspondencia del anarquismo respecto de los modelos propios de la cultura del Poder, que lo considero tan lejano a la anarquía, y no por las reivindicaciones fundamentales del movimiento.
Es tan poco adecuado identificar el anarquismo con la anarquía como es inadecuado identificar el liberalismo político con la libertad. Toda Doctrina que intente establecer los conceptos que, regidores de la libertad, nos guíen por algún camino cierto hacia ella, sigue atado a la sinonimia entre idea y concepto y a la polisemia de Poder. No existe ninguna Certeza que nos pueda emancipar; es urgente asumir la convicción. Y es que es la convicción, y no la Certeza, la que nos permite sostener una lucha en condiciones tan adversas como las que son propias a toda lucha emancipadora.
Las experiencias que ha producido el anarquismo a lo largo de la historia han sido importantísimas. En tiempos de la revolución española (seguramente la máxima experiencia de realización que ha tenido el movimiento) se produjeron avances histórico-sociales que solamente la estupidez de los ejércitos (27) pudo destruir. Sin embargo creo que es necesario abandonar los esquemas de militancia y movilización tradicionales en tanto conservan en su seno los vicios de una estructura social enferma de Poder. El desafío libertario nos propone hoy una apuesta tal vez un poco más alta. Se trata de romper, ya no con los modelos manifiestos en la superficie del comportamiento, sino con la raíz fundamental de la cultura que se manifiesta en el comportamiento. El mundo del átomo y las Jerarquías, el mundo de la Verticalidad, de la Ventaja y del Dinero, es un mundo que hay que conocer en tanto es aquél en el que pretendemos sobrevivir y al que pretendemos destruir. Para ambas cosas hay que conocerlo bien. Pero no podemos construir sin destruirlo, no podremos hablar de libertad en tanto lo llevemos con nosotros.
En mi opinión, salir del anarquismo implica salir de la Certeza, salir de la Ciencia, salir de la Militancia, salir de la Doctrina, y, no necesariamente ni en todos los casos, salir de la estructura. Como estructura y como movimiento el anarquismo ha sido útil y tremendamente movilizador, pero debe abrir las puertas a una renovación cultural que es urgente. Y abrir esas puertas implica desalmidonar las posiciones ideológicas asumiendo las ideologías a partir de la diferenciación vital de ideas y conceptos, abandonar el Racionalismo sin dejar de usar la razón, asumir que no hay Certezas sin dejar de asumir las convicciones, abandonar un positivismo científico que nos ha traído hasta aquí, desprenderse de los mitos del Héroe y del Buen Líder, abandonar la Dirigencia, desvanguardizar los movimientos sociales, desmartirizar la acción, deshacer la polisemia Poder-potencia.
No es necesario, ni tampoco es útil, llevar la luz de la Doctrina Revolucionaria al Pueblo Trabajador. Es necesario asumir, desde el llano y en común, un cuestionamiento profundo y permanente del vínculo social, participando en las instancias autogestionarias que promuevan tal cuestionamiento saliéndose de todo ghetto y de toda frontera sectorial.
No son pocos los militantes anarquistas que han mostrado cuestionar estos aspectos vertebrales de nuestra cultura. De hecho, desde un lugar o desde otro, creo que todos estos aspectos son cuestionados por alguna línea de militancia anarquista. Pero de todas formas entiendo que la tendencia histórica de las movilizaciones sociales a aglutinarse en cuerpos orgánicos e institucionalizarse en mayor o menor medida es portadora de un contenido ideológico que ya es necesario abandonar. No estoy hablando de huir de la organización hacia un individualismo radical, sino de evitar la confusión entre organización e institución, y replantear los mecanismos de acción que merecen una actualización histórica.
Es en este sentido que hablo, entonces, de salir del anarquismo camino a la anarquía.

 

 

(26) Quiero señalar, sin meterme de lleno en el tema, que no asocio terrorismo y atentado sino en lo que se asocian con la violencia. No todo atentado es terrorista, ni siempre es necesario el atentado para el terrorismo. Y me importa señalar esta diferencia en tiempos en que está en boga matar en nombre de la Paz, bombardear población civil en nombre de la Lucha Humanitaria en contra del Terror, utilizar bloqueos comerciales para hambrear los pueblos, construir legalidades para la explotación, y tantas otras imbecilidades genocidas que acaban con poblaciones enteras y sostienen, con el terror de las armas y el Derecho, las más rancias y nefastas formas del Poder.

(27) Las experiencias de autogestión, colectivización, abolición de la propiedad privada y, en ocasiones, también del Dinero, durante la revolución, señalaron un camino importante para todos los que vinimos después, y constituyeron las primeras experiencias prácticas del comunismo libertario. Por eso es que coincidieron los Ejércitos Franquistas y Comunistas en fusilar militantes libertarios, sea en nombre de Dios o en nombre del Pueblo.