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segunda parte
10. La lucha de clases

plebe. (Del Lat. plebs, plebis) f. Clase social más baja // f. En la antigua Roma, clase social que carecía de los privilegios de los patricios // f. En el pasado, clase social común, fuera de los nobles, eclesiásticos y militares - plebeyo, ya. (Del Lat. plebeius) Adj. Propio de la plebe o perteneciente a ella // Adj. Dicho de una persona: Que no es noble ni hidalga - burgués, sa. Adj. Natural o habitante de un burgo medieval // Adj. Perteneciente o relativo al burgo medieval // Adj. Perteneciente o relativo al burgués (ciudadano de la clase media) // Adj. despect. Vulgar, mediocre // m. y f. Ciudadano de la clase media y dirigente acomodado que se caracteriza por un cierto conformismo social - noble. (Del Lat. nobilis) Adj. Preclaro, ilustre, generoso // Adj. Principal en cualquier línea; excelente o aventajado en ella // Adj. Dicho de una persona o de sus parientes: Que por su ilustre nacimiento o por concesión del soberano posee algún título del reino // Adj. Singular o particular en su especie, o que aventaja a los demás individuos de ella // Adj. Honroso, estimable, como contrapuesto a deshonrado y vil // Adj. Quím. Dicho de un cuerpo: Químicamente inactivo o difícilmente atacable // m. Moneda de oro que se usó en España, dos quilates más fina que el escudo - proletario, ria. (Del Lat. proletarius) Adj. Perteneciente o relativo a la clase obrera // Adj. Se decía de quien carecía de bienes y solamente estaba comprendido en las listas vecinales por su persona y prole // m. y f. Persona de la clase obrera // m. En la antigua Roma, ciudadano pobre que únicamente con su prole podía servir al Estado - oligarquía. (Del Gr. oligarcia) f. Gobierno de pocos // f. Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social // f. Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio.

Si bien el análisis clasista de la sociedad es tremendamente esclarecedor en el ámbito económico y político de la realidad social, la objetivación del método y la búsqueda del absoluto científico, han llevado al pensamiento clasista por un derrotero que cae necesariamente en la contradicción con una verdad contundentemente poco científica. En no pocas ocasiones, la burguesía ha logrado establecerse en el Poder gracias al permanente apoyo y complicidad de una clase proletaria constituida por obreros que sólo aspiran a ser burgueses. Se podrá decir que ese apoyo se debe a la educación burguesa a la que se sometió a la Clase Trabajadora, cosa que es cierta, y coloca entonces al conflicto en el terreno de la formación ideológica más que de la condicionante materialista de las relaciones de producción. Al mismo tiempo, tanto la burguesía como la más recalcitrante Nobleza Europea han dado al desarrollo de la historia hombres de una tremenda convicción libertaria, y las distintas corrientes del pensamiento socialista (23) han contado con el invalorable aporte de hombres provenientes de las clases privilegiadas. Es necesario investigar un cierto redimensionamiento de la realidad social, es decir, observar hasta qué punto penetraremos en la existencia profunda intentando conocerla con los paradigmas construidos para comprender su superficie. Los hombres somos mucho más que nuestra ubicación dentro de un esquema productivo, así como somos mucho más que una máquina viva, o que una mente más o menos reducida al intelecto o a la psiquis. Y quizás cometa yo un error al cuantificar la diferencia: somos otra cosa.
En ese sentido, más que categorizar taxonómicamente la sociedad es preferible poner la discusión en el terreno fundamental de las construcciones ideológicas ya que son, en definitiva, las que movilizan a los hombres a la acción, de una u otra manera. Y también es bueno plantearnos que de lo que se trata es de destruir y construir lo real y lo posible más que de establecer un "Enemigo Común". En este sentido, la militarización de la idea que nos obliga a establecer bandos y uniformar la realidad para sistematizar el comportamiento no deja de ser uno de los pilares del sistema social que queremos destruir, si es que estamos hablando de liberación. Ya no basta con distinguir entre burgués y asalariado, sino que es necesario observar qué tan comprometido con el bienestar común es el comportamiento de cada cuál, hasta dónde la solidaridad es parte de la cotidianeidad, hasta dónde existe cierta complicidad de quien, siendo sometido, no acciona sino a favor del sometimiento. En este punto, el conflicto es transversal, y no afecta tanto a los burgueses, los proletarios, los nobles y los etcéteras, sino a las ideologías herederas de la Ideología que afectan y definen a cada una de las clases.
No desconsidero la significación que tiene la composición clasista de la sociedad, lo cual sería poco menos que una estupidez. El sistema de producción existe, con todas sus consecuencias e implicancias. Pero no es el eje, creo yo, de la trayectoria que se trace hacia la transformación social.
El sistema de explotación económica que ubica al productor de bienes en el estrato social más bajo de una sociedad jerarquizada, que le asigna la función de sostener en sus espaldas toda la estructura económica de la cual parasitan los demás un supuesto bienestar fundado en el Dinero y el Consumo, es el mismo que conmina a todos y cada uno a explotar o ser explotado, salvo cierto estrato intermedio que se caracteriza por cumplir ambos roles al mismo tiempo. No hay forma de no entrar en un sistema económico hegemónico como el actual, ni hay forma de salir sin destruirlo. Donde quiera que vayamos, nos veremos incluidos en el sistema; hagamos lo que hagamos, daremos de comer al Patrón.
Sin embargo, no da lo mismo. El punto no es caer en la resignación nuevamente cómplice, ni justificar el homicidio. Quien participa de la explotación carga con la responsabilidad de hacerlo y no hay manera de justificar al sometimiento si hablamos de la libertad. De eso se trata. La condición de someter o ser sometido, de explotar o ser explotado, es una condición que se padece con todo lo que implica. Es importante entender que es inevitable pagar el precio. De ahí, cada quien elige el precio que paga. Por asalariado que sea un gerente de banco, o un vigilante de garita en la puerta de un barrio privado , no pueden ser considerados como meras víctimas pasivas de un sistema de explotación que se sostiene gracias a individuos que cumplen esa función. Trabajar para la Banca como trabajar para el Estado es trabajar para el sometimiento, es accionar sobre la sociedad protegiendo los intereses del sometedor como quien cuida su espalda, y sin dejar jamás de ser sometido. El hecho de que cierto grado de complicidad sea inevitable, expresa la tremenda perversión (24) que caracteriza al sistema social, pero no implica que el grado de complicidad sea indiferente.
Luego, la acción vital de cada quien puede estar más o menos vinculada con la liberación o con la complicidad. Puedo aceptar lo que hay y vivir con eso, o puedo asociarme a la idea de la transformación. La autogestión como forma de reducción de la dependencia y de la complicidad respecto de un sistema heterogestor fundado en el sometimiento y en la explotación, es hoy por hoy la primera y primordial herramienta hacia la liberación. Lejos de sostener al Poder fortaleciendo sus instituciones a través de recambios personales a cambio de la "ocupación proletaria" de los estamentos del Poder, es necesario marginalizar la economía, vaciar al Estado y a la Banca, eliminar en todo lo posible el Dinero apuntalando los cimientos de una economía solidaria enmarcada en una ideología fundada en el simpoder y en la existencia vincular como noción de la existencia.
No importa quién gobierne: lo que hay que eliminar es el Gobierno. Es necesario comprender que el sometimiento ejercido en nombre de un obrero no es distinto al ejercido en nombre de un empresario, que nunca es el pueblo quien gobierna, y que en todo caso siempre hemos de preferir una instancia política que sea menos hostil al desarrollo de las acciones autogestionarias. Pero nunca podemos defender, ni siquiera aceptar, ningún Gobierno, ninguna Banca, ninguna Iglesia, ninguna forma de Poder.
Las experiencias autogestionarias deben permitir el encuentro de quienes van hacia la anarquía aunque vengan del estrato social que vengan. La burguesía como clase nunca apoyará la liberación, pero un burgués no es necesariamente la burguesía. Lo que tiene que primar es la convicción de que la liberación será respuesta a la acción directa, que la participación en la política es una trampa cazabobos y que la complicidad con un sistema de explotación nos coloca en el terreno del explotador. Aunque tal vez en distinto grado, tanto quien controla el sistema financiero desde las altas esferas del sistema como el ahorrista, tanto el Papa como el monaguillo, son responsables de la miseria social. No hay religión que pueda sostenerse sin practicantes. Por eso es necesario accionar tendiendo hacia la eliminación de la complicidad y vaciar la estructura desde abajo, corrosivamente: matar al Poder por inanición.
Creo que pocas dudas caben respecto a que la ubicación dentro del sistema de producción capitalista establece condicionamientos de todo tipo, que llegan a penetrar hondamente en la identidad de cada hombre o mujer y que generación tras generación dichos condicionamientos pasan a ser características capaces de configurar los tipos taxonómicos que darán lugar a las Clases Sociales. Haber nacido en un entorno burgués, con cierto grado de acceso a cierto tipo de Educación, con cierta despreocupación por los asuntos más primarios de la subsistencia, con una cierta perspectiva de desarrollo vital, con una Idea de Familia, con una Idea de Justicia, etc., es catalizador potente para el desarrollo ideológico burgués. Y lo mismo ocurre en cada entorno social. Y es que el punto en cuestión es la experiencia vital que, condicionada por la situación social, se expresará luego como ideología. Lo que a veces pareciera escaparse de los análisis clasistas es el hecho de que una condición de clase difícilmente pueda homogeneizar absolutamente a todas las individualidades, ya que la experiencia es irrepetible en la medida en que es irrepetible la conjugación de condiciones vinculantes, la interrelación de factores influyentes en el vínculo existencial. El borde difuso, ese noborde entre individuo y sociedad vuelve a aparecer aquí para oponerse a la taxonomía como terrorista antiCertezas. Aquella indivisibilidad que asignamos al individuo, podemos asignarla también a la existencia social de los hombres, pero en ningún caso podemos tomarla por cierta y definitiva sin caer en la trampa intelectual de las paradojas. La lucha de clases entonces, como una lucha de motivos, debería dejar lugar a una lucha de propósitos a partir de la búsqueda de una sociedad fundada en el bienestar común, y atenta a la flexibilidad necesaria para la vida sin Certezas.
El conflicto social subyacente a la inequidad no es económico sino ideológico. La economía es producto de una visión particular del mundo. Se me dirá que esa visión está fundada en la experiencia de la vida material, a lo que contestaría que sí con reservas. No podría asumir con Certeza que no haya ningún aspecto que pueda ser considerado inmaterial involucrado en el asunto, fundamentalmente porque dudo que ese límite entre lo material y lo inmaterial esté tan claro. Pero en el terreno de las coincidencias, si asumimos que hay una relación huevo-gallina entre la experiencia y la idea, donde la experiencia vital es antecedente necesario de la idea, lo que nos ocupa es construir un mundo de interrelaciones humanas capaz de dar comienzo la construcción de una ideología acorde al criterio de equidad que defendemos. Como dije más arriba, ningún sistema de control político puede dar lugar a una vivencia libertaria capaz de contradecir la Ideología camino a una sociedad sin clases, es decir, a una sociedad sin Poder, a una sociedad desjerarquizada y, lo que es lo mismo, a una sociedad organizada en anarquía.
Toda pretensión de atribuciones, sean políticas o culturales, nos lleva por el camino de las vanguardias. Suponer que es legítima la aspiración de liderazgo a través del adoctrinamiento, de la conducción política o de cualquier otra forma de heterogestión, equivale a aceptar que la libertad se alcanzará a través de la imposición, que las ideas se incorporan a través del experimento, cuando en realidad las ideas se construyen desde la experiencia. Por eso digo que no se trata de "educar al pueblo" para que desarrolle una conciencia de clase que le permita incorporarse a la lucha por la emancipación a través de la lucha de clases. Más bien se trata de asumir la transversalidad del conflicto y apuntar a la generación de espacios autogestionarios donde la formación sea autoformación, donde las capacidades de unos, asumidas como capacidades comunes, nos permitan el enriquecimiento a través de la experiencia común.
Nadie dice que sea sencillo, ni mucho menos que sea fácil. Pero creo que, por difícil que resulte, es el único camino para enraizar en las ideas, como motor de las acciones humanas, la activación de una población sumisa, en mayor o menor medida, ante las imposiciones de un Poder que se nos ha metido en nuestra sangre. Y tan en nuestra sangre se nos ha metido que hemos intentado siempre quitarnos la fiebre con fiebre.

 

 

(23) No me interesa discutir si el Anarquismo es Socialista o no. Asumo al socialismo como aquel movimiento que se afirma sobre la convicción de que la Propiedad Privada es fuente primitiva de la inequidad social y merece ser abolida, más allá de los medios que se pretendan usar para resolver la cuestión y demás asuntos implicados, para nada menores, en la diferenciación del anarquismo y, por ejemplo, el comunismo de Estado. Prefiero no involucrarme en discusiones Académicas o Doctrinarias que me resultan ajenas e improductivas: que los Ismos Doctrinarios se peleen entre ellos.

(24) Dejemos a un lado, sólo por un rato, funciones tan claras como la de los Policías, los Gendarmes, los Soldados, los Funcionarios Políticos del Estado, etc. Es importante notar que la complicidad con un sistema, tantas veces maquilladas de inocencia por asuntos de la inconciencia, se practica también desde el llano, desde un abajo estructural que existe por y para lo que arriba sostiene.