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segunda parte
9. La Escuela

escuela. (Del Lat. schola, y este del Gr. scolh) f. Establecimiento público donde se da a los niños la instrucción primaria // f. Establecimiento público donde se da cualquier género de instrucción // f. Enseñanza que se da o que se adquiere // f. Conjunto de profesores y alumnos de una misma enseñanza // f. Método, estilo o gusto peculiar de cada maestro para enseñar // f. Doctrina, principios y sistema de un autor // f. Conjunto de discípulos, seguidores o imitadores de una persona o de su doctrina, arte, etc. // f. Cosa que en algún modo alecciona o da ejemplo y experiencia - enseñar. (Del Lat. vulg. insignare, señalar) tr. Instruir, adoctrinar, amaestrar con reglas o preceptos // tr. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo // tr. Indicar, dar señas de algo // tr. Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado // tr. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente // prnl. Acostumbrarse, habituarse a algo - doctrina. (Del Lat. doctrina) f. Enseñanza que se da para instrucción de alguien // f. Ciencia o sabiduría // f. En América, pueblo de indios recién convertidos, cuando todavía no se había establecido en él parroquialidad o curato - informática. (Del fr. informatique) f. Conjunto de conocimientos científicos y técnicas que hacen posible el tratamiento automático de la información por medio de ordenadores.

La Ideología encuentra en la Escuela el ámbito adecuado para la germinación de la uniformidad de pensamiento (22) necesaria para la perpetuación del Poder. A partir de allí se dirigirá la conducta, se organizará la Familia, se impondrá la Jerarquía Científica, se garantizará la obediencia asegurando la capacidad de obedecer. Respetando puntillosamente la organización social, la Escuela se dirige a cada grupo social con perfecta atención de los destinos que se le han fijado. En términos formativos, la Educación aventajó al obrero industrial respecto del campesino embrutecido porque así lo requería el sistema de explotación. Lo mismo sucede con el Norte y con el Sur como estereotipos de una desigualdad profunda entre los grupos sociales predeterminados al desarrollo y a la conducción política, y los otros, los caídos de un mapa bien centralizado, los perjudicados por un mapamundi cada vez menos esférico, destinados a la producción de materias primas y al consumo del excedente industrial.
Pero en las intentonas de conservación de las condiciones sociales la apuesta sube de tal modo que los rudimentos para la explotación han generado al mismo tiempo nuevas condiciones cada vez más críticas. No hubo modo de evitar las fugas. La formación de los productores de bienes, necesaria para la nueva explotación, permitió a la vez el desarrollo de una potencia capaz de ponerla en peligro. La nueva complejidad requiere entonces nuevos métodos de control suficientemente efectivos y actualizados. Junto al diseño de planes y estructuras académicas capaces de sincronizar la renovación cultural con las operaciones de gobierno, aparecen los Medios Formadores de Masas. Ellos son capaces de gobernar el pensamiento insuflando Ideología en las permeables ideologías sin sustento. Esa es la función social principal de lo que ha sido denominado como "Medios de Comunicación". La mediatización de las comunicaciones permite la influencia controladora de los mediadores. Los sistemas desarrollados para la información masiva han ido creciendo de tal modo que la realidad ha sido reemplazada por su propio retrato. Claro que, como en todo retrato, la infinidad de interferencias producidas por el contexto sociocultural y la participación del retratista, se expresan a tal punto que puede tomarse la diferencia entre el retrato y el retratado como una prolija descripción de lo que verdaderamente sucede. Esta diferencia nos cuenta mucho acerca de la intencionalidad de la observación y de las condiciones generales de la estructura social que contiene al fenómeno. Se reproduce así la idea de participación del observador en el fenómeno observado, propia de la revolución científica de la primera mitad del siglo veinte.
Paralelamente al desarrollo formativo del sometido, es necesario fortalecer formativamente a una elite que tendrá sobre su espalda la responsabilidad de conducir el aparato social. Así como fue necesario engañarse para poder engañar, las clases dirigentes construyeron su propia mentira a través de la Escuela y la Familia, de una Moral presuntamente ajena a todo individuo y transversal a todo momento, un absoluto religioso que decide doctrinariamente desde adentro en reemplazo de una decisión voluntaria. Esta elaborada situación formativa responde a los requerimientos de una sociedad que desea sobrevivir a todo cambio capaz de atentar contra su integridad. Los nuevos dirigentes estarán cada vez mejor formados para los roles que deban desempeñar, y los dirigidos serán cada vez más capaces de obedecer sin conflictos. Pero la lucidez de los individuos no responde tan perfectamente a los esquemas doctrinales aún. En contradicción con toda previsión asumible desde la lucha de clases, en el mismísimo seno del privilegio también hay fisuras ideológicas que dan lugar a la construcción genuina de espacios de resistencia. En este caso, la resistencia implica una fuerza aplicada en contra del adoctrinamiento, ideologías en contra de la Ideología que no reaccionan exclusivamente por la individualidad de la experiencia sino que también lo hacen desde la experiencia común y solidaria. No puede perderse de vista, sin embargo, que la capacidad de destrucción de las instituciones es gigante respecto a la reacción individual de los fisureros, de los individuos activamente dispuestos a sacar provecho colectivo de las hendijas sistémicas de la imperfección. En eso radica la importancia de las instituciones represivas. Siempre atentos a las condiciones de la desventaja, los fisureros han de organizar ideológicamente la ruptura y descentralizar la acción de manera que la resistencia sea capaz de crecer progresivamente y pueda generar el mayor daño posible en cada instancia de conflicto. En plena consonancia con todo mecanismo de acción directa, habrán de utilizarse los métodos más adecuados para enfrentar a un enemigo excesivamente superior. Hay que saber aprovechar ese exceso.
Al mismo tiempo que la ideología adoctrinada endurece la reacción popular hasta anularla, la información cambia de valor y sentido. Lo que antes era una puerta de ingreso al saber, se ha ido transformando progresivamente en su misma negación. La información es actualmente el principal instrumento de estupidización popular, de construcción de masas inoperantes, incapaces como tales de practicar una reacción fundamental ante una situación bien conocida por ellas pero adormecida por la evidencia, por la explícita exposición. El rostro de la sociedad está entreverado en una maraña de imágenes que apela a la velocidad como formato para evitar que el detenimiento pueda favorecer el desenredo. En ese sentido, Internet es un clarísimo ejemplo, es un ejemplo emblemático de la violenta informatización del pensamiento. Y digo informatización, porque hablo de la reacción inmediata, prevenible y desprovista de toda categorización moral ligada a la decisión y a la voluntad, que se tiene ante el estímulo, ante esa señal cuasi electrónica que es actualmente la información. Los tiempos de reacción se reducen cada vez más de manera que resulta cada vez menos posible tomar una decisión entre estímulo y acción, y el comportamiento comienza a transformarse en reflejo condicionado. Ya el saber al que apelan los discursos académicos, se ha transformado en una operatoria teledirigida desde la Doctrina a través de la información.
Pero por otro lado nos es posible redefinir la informática desde abajo. Dentro del flujo y acceso a la información es necesario que exista una capacidad cada vez mayor de procesamiento autónomo de ella. Ante un bombardeo casi pornográfico de información sin contexto, la opinión y la tendencia hacen diferencias a la hora de construir ideología. El desarrollo tecnológico dentro de la sociedad actual nos trajo hasta un lugar en el que la participación en el flujo de la información es relativamente accesible para los comunes. Esto está contenido dentro de una nueva forma de reprimir ideas y cerrar espacios, pero no han logrado todavía alcanzar una efectividad total. De nuevo las fisuras deben ser aprovechadas para la resistencia y la construcción de ideologías libertarias. Sin ir más lejos, estas líneas están siendo leídas gracias a la informática, aunque también a pesar de ella, y si bien no es sencillo abrirse paso en este pajar binario, es importante no entregar la informática a la deliberada confusión ni al tecnologismo cómplice, así como es importante no entregar el idioma al diccionario.
Como cara B de la Información Tecnodemocrática, nos encontramos con una gran extensión social excluida de la informatización pero sometida también a la Escuela. Se trata de un segmento marginado, de composición mayoritariamente agraria, que si bien no sufre las penas urbanas, vive su propia realidad siendo igualmente sometido por el Estado, por la Iglesia y por la Banca, y siendo explotado en mayor medida. En este ámbito, la Escuela seguirá cumpliendo con fiel lealtad las directivas del Poder, reproduciendo los patrones de conducta y el formato sistémico necesarios para el control de la población. La Ideología será igualmente reproducida en todos los ámbitos de la Escuela, y sólo variarán las condiciones locales, el lenguaje y los detalles de aplicación según se trate de un grupo social u otro, es decir de una u otra predeterminada ubicación de tales grupos en el esquema de producción y de obediencias.
El crecimiento expansivo de la Escuela y de la Ciencia ha establecido una idea del saber completamente dependiente de la Academia. Sinonimizados saber y conocer, la sabiduría fue reemplazada en la Ideología por el Conocimiento Académico, es decir, por cierta forma de la erudición confinada a la teledirección ejercida por la Institución. La mediatización de la formación opera cada vez con mayor grado de control sobre el comportamiento general, invade con la Idea la experiencia vital hasta los extremos más insondables de la mente y es por eso que retiene a la población la mayor cantidad de tiempo posible comenzando en las edades más pequeñas para inyectar su veneno en venas trasparentes. La planificación de la Academia no es en tal sentido un aspecto secundario. Es la planificación de un docente bien entrenado y adecuadamente supervisado lo que garantiza una cierta homogeneidad en el preparado inyectable. Esta homogeneidad no se reduce meramente al sistema de contenidos sino que invade desde los paradigmas oficiales la interrelación escolar entre docentes y alumnos.
Todo sistema educativo es instrumento del sistema social recipiente para su perdurabilidad en ese intento de perpetuación que es propio de todo sistema, sea orgánico, social, ecológico o cualquier etcétera que pudiera caber. Es a través de la educación que la sociedad conserva lo más preciado de sí, es decir, los aspectos que garanticen su integridad a pesar de las concesiones que han de hacerse al entorno como ejercicio de la capacidad de adaptación indispensable para la supervivencia. Y es por eso que toda transformación realizada en ese ámbito está confinada al espacio fútil de la tarea inocua. La radicalidad que merece toda transformación fundamental sólo puede expresarse lejos del ámbito académico, o por lo menos fuera de su lógica y de su dominio.
La experiencia formativa, en tanto esté ligada a la transformación de esta sociedad, debe estar involucrada con la experiencia dinámica y con un enseñante capaz de vivenciar plenamente las implicancias del ofrecimiento. Enseñar no es más que eso: mostrar, ofrecer a la observación para que sea el observador, en tanto sujeto de la experiencia, quien desarrolle la tarea con sus características propias. La experiencia no puede aceptar ser desplazada y reemplazada por el experimento. La planificación de la tarea no es otra cosa que la ubicación de la experiencia en un espacio delimitado por los resultados que de ella se pretende obtener y por la interpretación del docente, o al menos del planificador, del posicionamiento que ante ella han de tener los aprendices. De esta manera, la espontaneidad está reducida a la imperfección del plan, y toda actividad tendrá como destino correcto el confinamiento de la vivencia al espacio mental del docente. Los aprendices no tendrán oportunidad de colocarse en un lugar ante la experiencia que les resulte verdaderamente propio, sino que habrán de adaptarse necesariamente a una interpretación ajena.
La pedagogía persigue el desarrollo de métodos y doctrinas capaces de optimizar la práctica educativa. La etimológica connotación de la palabra expresa en una primera observación toda una actitud. Si se considera la evaluación tradicional de la infancia y el comportamiento que los adultos han tenido con los niños tradicionalmente, la connotación infantil de la palabra pedagogía nos habla de la postura que asume el docente ante un cuerpo de alumnos que ha de conducir paternalistamente hacia un destino cierto y garantido, que es como tal ya conocido por él. Desde esta perspectiva, no hay espacio dentro de la pedagogía para la auténtica enseñanza, pues desde la instancia primera de la denominación ya se establece una certeza de antemano, una Certeza oficial reservada al mundo docente.
En la práctica formativa del taller hay una puerta entreabierta. Sacándolo de contexto, el taller como espacio formativo puede resultar muy útil para la canalización de la experiencia común entre docentes y alumnos dirigida hacia la construcción cultural. Para eso, el taller debe abandonar a la Escuela. Desde la proposición práctica y concreta de problemas a resolver en conjunto, las situaciones abrirán paso a las más imprevisibles experiencias comunes, y el saber irá desarrollándose de una manera integral acorde a su misma condición, es decir, distinguiéndose del conocimiento y valiéndose de él. En este caso, el rol docente debe ser todo lo flexible que la situación reclame, siendo el enseñante capaz de mostrar desde su propia vivencia lo que él sabe. Este ofrecimiento no puede teñirse de imposición. La planificación no tiene lugar en esta clase de experiencia. La intención previa del docente solamente puede manifestarse en la elección de los problemas propuestos y en las líneas de interpretación en función de contenidos vinculantes que espera poder transitar. Pero lo que habrá de conducir el aprendizaje será el camino que siga el conjunto abocado en la resolución del problema y sin encontrar obstáculo en los más diversos cambios de rumbo.
Esta es una puerta entreabierta. El taller es asumido en el ámbito escolar como una pequeña modificación de la experiencia tradicional del aula llevándola levemente hacia la experiencia práctica como disparador de bagaje teórico planificado. Es mucho lo que puede desarrollarse a partir de la ruptura con los modelos tradicionales de enseñanza-aprendizaje y no quisiera seguir ese camino en este libro. Pero es importante señalar que no hay razón ni sentido para que nos detengamos en la Escuela cuando pensemos en la formación si queremos un espacio de transformación y no de conservación de la cultura. Hay mucho por hacer desde la autogestión hacia la autonomía. Y el camino es nuevamente señalado por la acción directa, y en este caso, por la generación de concretos espacios formativos de producción libertaria.

 

 

(22) "(...) Por eso, lo que ante todo hace falta es enseñar a esas masas la verdad, instruirlas y educarlas, pero con instrucción religiosa y social, decirlas el engaño en que se hallan los anarquistas y los males que a los mismos obreros ocasionan sus ideas". Enciclopedia Espasa-Calpe (8).