<< anterior - índice - siguiente >>

segunda parte
7. Democracia y Gobierno Popular

asamblea. (Del fr. assemblée) f. Reunión numerosa de personas para discutir determinadas cuestiones y adoptar decisiones sobre ellas // f. Órgano político constituido por numerosas personas que asumen total o parcialmente el poder legislativo - democracia. (Del gr. democrasia) f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno // f. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado - dictadura. (Del Lat. dictatura) f. Dignidad y cargo de dictador // f. Tiempo que dura // f. Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país // f. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente // f. País con esta forma de gobierno // f. Predominio, fuerza dominante - socialismo. m. Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes // m. Movimiento político que intenta establecer, con diversos matices, este sistema // m. Teoría filosófica y política del filósofo alemán Karl Marx, que desarrolla y radicaliza los principios del socialismo - tribuno. (Del Lat. tribunus) m. Orador político que mueve a la multitud con elocuencia fogosa y apasionada // m. Cada uno de los magistrados que elegía el pueblo romano reunido en tribus, y tenían facultad de poner el veto a las resoluciones del Senado y de proponer plebiscitos.

Llegamos así a las nuevas Democracias. Actualmente puede decirse, con orgullo para unos y no tanto para otros, que la mayor parte de los Gobiernos en Occidente son Democráticos. Aún las principales Monarquías europeas son parlamentarias, es decir que utilizan la representación de la Asamblea como instrumento de canalización de una creciente voluntad popular de participación.
Desde la identificación de representante y representado se ofrece a los súbditos una ilusión de soberanía que adormece todo intento de emancipación. La institucionalidad parlamentaria es la columna vertebral del actual sistema democrático. La Idea Democrática no es una idea autogestionaria ni mucho menos libertaria, sino una flexibilización de la idea de Gobierno, es decir, un Gobierno con métodos cada vez más sutiles de opresión que recurren a la violencia explícita sólo en los casos en los que los demás recursos han fallado. Por eso expresa una capacidad de control mayor, es decir, un grado mayor de perfección del sometimiento. La penetración psicológica del Poder Democrático es su arma fundamental ya que genera el consentimiento del sometido a cambio de una virtual participación en los comicios. La universalización de la Educación, habitual compañera del Pensamiento Democrático, y que es utilizada como estandarte de sus Valores Humanos, esconde detrás de la distribución del conocimiento la inyección Ideológica necesaria para adoctrinar, es decir, la imposición doctrinaria del pensamiento único maquillada de formación científica desprovista de toda tendencia ideológica. De esa misma manera se ha organizado la sociedad de tal modo que toda instancia social reproduce los Valores, los Métodos y las Instituciones de la Democracia.
La Familia moderna, por ejemplo, responde orgánicamente al Paradigma Democrático, donde la Autoridad es impuesta por Fuerza o por Ley, donde se pretende el aval cómplice del obediente para el ejercicio del Poder, donde se disfraza la mesa de los almuerzos familiares en instancia vincular de encuentro fraterno, igual que se disfraza al Parlamento como ámbito de decisión popular. A mitad de camino entre la Familia y el Parlamento, nos encontramos con la Escuela, donde todo el mundo tiene garantizado el Derecho de obedecer a quien le manda, donde la jerarquización es absoluta desde lo orgánico institucional hasta lo implícito del aula, hasta el Currículum Oculto, hasta lo presuntamente espontáneo del vínculo docente-alumno en las mejores expresiones del progresismo docente. Y es que la sociedad entera se ha ido organizando bajo el Paradigma Democrático que impone una condición tremendamente perversa, que radica, justamente, en la participación. Se trata de que el sometido, aquel que está conminado a la obediencia so pena de hambre, exclusión, prisión o muerte, participe del sistema expresando la obediencia en términos electorales, legitimando con su complicidad la imposición del Poder que no podrá sino acatar.
La votación es elegir, entre algunas pocas opciones, a quién habrá de obedecérsele luego. En ningún momento hay toma de decisión genuina en la votación, sino que se decide, a lo sumo, quién habrá de decidir por el pueblo. La votación es entonces una trampa cuya función es saciar la sed de participación popular sin tener que ceder el Poder un ápice de su terreno. Así es como funciona el Sistema Democrático. Partiendo del presupuesto de que el Individuo es libre, se define la libertad como todo aquello que el Individuo puede hacer sin violar la Ley, mientras que se asume la Libertad de elección como el Derecho de optar entre las alternativas ofrecidas por el Poder. Como un circo con payasos y todo, las elecciones son el emblema del Paradigma Democrático. En la Escuela para adolescentes, por ejemplo, lo que fuera alguna vez una instancia de acción directa de los alumnos ante una realidad sistémica que les era hostil (y les sigue siendo), se ha transformado en Centros de Estudiantes, o en Sindicatos Estudiantiles, o como quiera que se les llame, regidos por dicho Paradigma. Al haber institucionalizado la acción estudiantil, se logra a un tiempo un control administrativo y legal por parte del Estado y una inoculación de Ideología Democrática a partir de la metódica organizativa del alumnado.
En este contexto en el que la Ley lo regula todo desde la Dictadura Oligárquica de la Ekklesia parlamentaria, no hay salida sin delito. Y siendo que la Ley resulta de la continuidad histórica de aquel garrote primitivo, o mejor, de aquella aterradora vivencia que paralizaba al sometido ante la idea misma del garrote en su cabeza, la Represión se ha vuelto una amenaza que paraliza con el miedo. La Fuerza impone Ley a través de la represalia del sometido sublevado. Ejemplifica con la más cruel de las violencias para que a nadie se le ocurra cuestionar lo incuestionable.
Esto es propio de todo Estado en tanto el Estado, por definición y por la praxis, goza del monopolio de la violencia, entre tantos otros monopolios. Por eso todo Estado es terrorista, en tanto se vale del terror como resguardo ante la eventual desobediencia. Y entonces no se trata de quitarle a la burguesía el control del Estado, sino eliminar el Estado como institución social. Los movimientos tendientes a avanzar sobre la ocupación de espacios de Poder dentro del Estado, sea por la vía parlamentaria o por cualquier otra, intentan obtener una sociedad más justa apropiándose de la injusticia. No se trata de ver quién sanciona la Ley, sino de no establecer la obediencia como directriz del comportamiento, no recurrir al terror para controlar a la población sino establecer comunidades autónomas de tal envergadura que puedan autogestionarse a través de la participación directa en sus asuntos. En una genuina asamblea comunitaria la única exclusión admisible a priori es la de aquellos que no convivan en la comunidad o que no se vean afectados por los asuntos que se traten. Y en todo caso será una exclusión de hecho en tanto que se trata de una reunión de comunes y no de una reunión de todos los seres humanos del planeta. Lo que no es admisible es que un común que se encuentra afectado por un asunto cualquiera que hace a la comunidad no participe en las decisiones al respecto.
No hay avance posible a través del Estado. Las supuestas conquistas populares históricas son en realidad concesiones que el Poder ha dado cuando estas concesiones se habían vuelto inocuas, y así como las dio las quitó cuando lo quiso necesario. El Sufragio Universal le permitió al Estado establecerse como representación del Pueblo. Lo que algunos insisten en considerar como un avance popular hacia la toma de decisiones es en realidad una forma más de actualización de las estructuras de control ante una evolución social que obliga a moverse todo el tiempo. De hecho las leyes progresistas que algunos Estados de Derecho sancionaron en supuesto beneficio de la Clase Trabajadora no son sino recursos estratégicos para evitar un nivel de agitación creciente, y fueron siempre acompañadas o precedidas por violentas represiones. El objetivo ha sido eliminar el descontento popular sin resolver la situación fundamental del descontento, vendiendo gato por liebre y eliminando a quien no quisiera comprar.
Cuando los sectores más cruelmente vejados de la sociedad llegan al punto en que no tienen nada que perder es urgente construir una nueva sensación de pérdida eventual para mantener los beneficios de la explotación. El Estado se sirve entonces de todas las herramientas a su alcance, que son muchas. Pero es importante observar que el Estado es un instrumento al servicio del Poder, un instrumento más, pero no el único. En las sociedades actuales la mediatización de las comunicaciones cumple un rol central, y encajado dentro de un sistema capitalista en una sociedad mediatizada, con toda su complejidad, es una pieza de engranaje que multiplica los efectos del consumo y se alimenta de las consecuencias de la enajenación del trabajo ocupando un lugar que, de quedar vacante, podría ser ocupado por los espermas de una nueva cultura. La saturación de información, la evasión del espectáculo, la cultura del show. Las sociedades posmodernas han construido una automatización del comportamiento que acorrala todo intento de renovación con la ilusión del cambio permanente. El Capitalismo supo cómo dar la sensación paralizante de la velocidad extrema sin que exista la más mínima expresión del movimiento.
Esta sociedad Tecno-Democrática está endeudada tanto con Rousseau como con Hobbes, es decir, tanto con la Idea de la Voluntad General como con la idea de Obediencia absoluta y ciega (21). A través de la Escuela y de las tantas experiencias educativas extraescolares bajo su dominio, construyó una naturalidad artificial. Ha sabido difundir como experiencia empírica la inevitabilidad del Poder y lo fue asociando a una naturalidad mítica que legitima nomos con phisis. Es natural participar a través de nuestros representantes. Es natural obedecer la Ley. Es natural ganar Dinero. Es natural sobrevivir a costa de otros. Es natural la impotencia, y es natural vencerla tomando el Poder. Extrañamente la naturalidad alcanza un grado de penetración en los asuntos de una sociedad tan tecnológica que a veces llegamos a sospechar de la misma naturaleza.
Pretender alcanzar la libertad y el bienestar a través de la instauración y el fortalecimiento del Poder es cuando menos una contradicción de principios que expresa la desconsideración de la libertad en tanto desenvolvimiento máximo de las capacidades comunes, siempre en un contexto vivenciable desde la perspectiva de la existencia vincular. Donde prima el Poder toda libertad se reduce a una actitud, y es oficialmente reemplazada por el Derecho. ¿Cómo podría el Estado construir la libertad? ¿Cómo podría el Estado ser al menos vehículo hacia ella?. La idea del Estado como instancia de Poder capaz de someter en beneficio de una Clase al resto de la comunidad se contradice de hecho con la idea de que dicha instancia de sometimiento pueda conducir a una sociedad sin clases. Donde la Revolución se funda en el reemplazo de una clase de privilegio por otra, y en el establecimiento del Poder en una verticalidad tan rígida como para someter, al menos, a una parte de la comunidad, la resultante ha de ser una sociedad con al menos dos Clases perfectamente señaladas por una frontera institucional que aniquila todo vestigio de equidad. El socialismo de Estado incurre en este imperdonable error. En sus experiencias demostró que da por muerta la idea de la libertad en nombre de la Libertad, asesina la comunión de bienes en nombre del Comunismo y defiende en nombre del Pueblo la propiedad privada del Estado.
Confundir la transformación de la sociedad con la Lucha de Clases es reducir los propósitos a motivos. La religiosidad mecanicista de los discursos Revolucionarios que asignan al Proletariado una cualidad Moral superlativa, es idéntica a la de aquellos que fundan su Doctrina en la inevitabilidad de la desigualdad, en la esencial bajeza del ser humano, en su intrínseca bondad trágicamente corrompida, o en el mito del Buen Poder, y justifican así toda clase de abuso de la Propiedad. No se trata de establecer un dominio diferente, de cambiar de mano la espada, ni de modificar tan sólo el propietario de los medios de producción, sino de transformar la sociedad para que no haya propietarios y desposeídos, modificando su sistema de producción, pero fundamentalmente modificando su composición vincular y a partir de ella su relación y actitud respecto de los cambios. En tanto la propiedad de los medios de producción no sea realmente común, es decir, poseída y administrada por los comunes sin representantes, no habrá, aunque se invoque, ninguna clase de socialismo
Estado, Dinero y Propiedad sostienen este mundo como un Atlas contemporáneo. No es posible transformar fundamentalmente la sociedad sin destruir sus tres pilares que son uno: donde caiga el primero deberán caer los otros. La ruptura con la constitución clasista de la sociedad se hará desde abajo como toda revuelta, y será la culminación de un largo proceso fundado en el bienestar común como propósito más que en la Lucha de Clases como motivo.

 

 

(21) "(...) puesto que la mayoría ha declarado un soberano por voces de consentimiento, quien haya disentido debe ahora asentir con el resto; esto es, debe estar satisfecho con reconocer todas las acciones que pudieran hacer, o bien ser legítimamente destruido por el resto". Y dice seguidamente, respecto a la institución del Gobierno: "(...) puesto que todo súbdito es por esta institución autor de todas las acciones y juicios del soberano instituido, nada de lo hecho por él podrá ser injuria para ninguno de sus súbditos, ni debe ser acusado por ninguno de injusticia. Pues quien tiene cualquier cosa por autoridad de otro no hace injuria con ello a aquél mediante cuya autoridad actúa". Thomas Hobbes, Leviatán (7).