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1. introducción:
Las mil formas de enrular el rulo.
poder. (Del Lat. potere, formado según potes.) tr. Tener
expedita la facultad o potencia de hacer algo // tr. coloq. Tener más
fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo // m. Dominio, imperio,
facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar
algo // m. Gobierno de un país // m. Acto o instrumento en que
consta la facultad que alguien da a otra persona para que en lugar suyo
y representándole pueda ejecutar algo // m. Posesión actual
o tenencia de algo // m. Fuerza, vigor, capacidad, posibilidad, poderío
// m. Suprema potestad rectora y coactiva del Estado. - fuerza.
(Del Lat. fortia) // f. Vigor, robustez y capacidad para mover algo o
a alguien que tenga peso o haga resistencia // f. Aplicación del
poder físico o moral // f. Capacidad para soportar un peso o resistir
un empuje // f. Acto de obligar a alguien a que asienta a algo, o a que
lo haga // f. Violencia que se hace a alguien para gozarlo // f. Mec.
Causa capaz de modificar el estado de reposo o de movimiento de un cuerpo
o de deformarlo // f. Mec. resistencia - potencia. (Del Lat. potentia)
// f. Capacidad para ejecutar algo o producir un efecto // f. Poder y
fuerza, especialmente de un Estado // f. Nación o Estado soberano
// f. Persona o entidad poderosa o influyente // f. Cada uno de los grupos
de rayos de luz que en número de tres se ponen en la cabeza de
las imágenes de Jesucristo, y en número de dos en la frente
de las de Moisés // f. Fil. Capacidad pasiva para recibir el acto,
capacidad de llegar a ser // f. Fil. Aquello que está en calidad
de posible y no en acto // Producto de factores iguales.
El verbo indica acción; el sujeto de la acción
es sustantivo. Detrás del Poder, la confusión entre uno
y otro nos oculta una trampa siniestra ¿Por qué confundir
acción y sujeto?
El Poder, sujeto de acción, siempre ha sido personificado por quien
haya tenido oportunamente la fuerza diferencial para conseguirlo. La fuerza
del cuerpo y del arma, de la palabra y del Derecho, son expresiones históricas
de la capacidad de acceder al Poder. Poder someter, poder controlar, poder
reprimir, poder gobernar: poder acceder al Poder. La memoria de la humanidad
está impregnada de sometimiento y explotación. La potencia,
la capacidad de acción, históricamente confundida con la
libertad, se ha mostrado desde siempre como ejercicio del Poder. La fuerza
se advierte en la competición, en la superación de un otro
como adversario, la vencida, el triunfo y la derrota. El mejor, el más
fuerte, es mejor porque puede más, y porque puede someter con su
fuerza a quienes se hallen respecto a él como débiles víctimas
que pueden optar: obedecen o mueren, obedecen o huyen, obedecen o matan,
pero no pueden matar.
Pueden confundirse poder y Poder, pero no dejaría de tratarse de
una confusión: la potencia no es sujeto de acción. El Poder
es relación entre sujetos, relación biunívoca que
suele disfrazarse de función unidireccional, mitificando la instancia
de sometimiento con los arquetipos de la víctima y el victimario.
Es necesario poder para ejercer Poder, es necesario tener capacidad de
someter. Pero es necesario no ser libre. Necesitamos separar poder-potencia
de Poder-sometimiento para entenderlo.
He oído decir alguna vez a un expresidente argentino (como a tantas
otras personas) que el Poder no es malo, que se trata de "poder hacer",
de manera que todo depende de lo que se quiera hacer con él. Esta
expresión es una clara muestra de la importancia de la confusión,
de la resignificación, de esa deliberada separación de lo
histórico. Ya no se trata de una asociación inmediata, sino
de una elaboración reflexiva. Él sabe que Poder y poder
son dos cosas distintas. Lo sabe porque está en Él, porque
trabaja con ello, porque lo defiende. La evolución histórica
de las relaciones de fuerza que podía llevar a confusión
entre poder y Poder un párrafo más arriba, no es ya sino
una excusa para la justificación del sometimiento. Es necesario
seguir confundiendo lo que ya conocemos en sus diferencias fundamentales
para que el sometido no reaccione, para que la fuerza alimente al Poder
en vez de combatirlo. En tanto la reproducción sea eficiente, habrá
garantía de longevidad para el Poder como instancia vincular, como
ubicación social, como sujeto de acción en todos los órdenes
de la vida.
El fuerte y el débil: el débil quiere dejar de serlo porque
ya no quiere ser sometido, y no porque reaccione contra el sometimiento.
Sólo conoce una única forma de cambiar la situación
y es dar vuelta la tortilla. En este mundo de relaciones teledirigidas
por la Escuela y la Televisión, quien no somete es sometido. Así
manipulada, la fuerza como capacidad, la potencia, lejos de ser funcional
a la producción del bienestar común, está fundida
con la idea del Poder. Y esto es parte de una forma del sometimiento muy
evolucionada. La fuerza física como primer recurso para la imposición
de la obediencia ha sido abandonada hace mucho, y sólo se reserva
para cuando todo lo demás falla. La abstracción del Poder
es producto de la progresiva abstracción del pensamiento humano,
de su propia evolución, y viceversa. La violencia y el pensamiento
simbólico evolucionan juntos en un viceversa similar al del huevo
y la gallina. Hoy el Derecho ha reemplazado a la espada fundado en la
mentira. Lo ha reemplazado porque hace lo mismo. Un militar y un abogado
sólo se distinguen por el grado de abstracción con que se
abocan a la consecución de los mismos objetivos, y por el estilo
de sus uniformes.
Cuando el hombre más fuerte mató al mejor cazador, lo mató
para robarle la presa (2). Pronto
entendió que mejor era someterlo que matarlo, que podía
hacer valer su fuerza en forma de miedo, de miedo a la represalia. Cuando
conoció el lujo, sometió más. Pronto los sometidos
fueron más que el sometedor y por lo tanto potencialmente más
fuertes: era necesaria la convicción del sometido de que no podría
nunca dejar de serlo para garantizar la sumisión, sin la cual la
rebelión daría por terminado el asunto. Más de un
asunto habrá terminado así, pero en esta narración,
sirve seguir suponiendo.
Así como la multiplicidad de sometidos llevó a la mentira
como instrumento de sometimiento, la multiplicidad de sometedores impuso
la condición de que esa mentira fuera creída por el mentiroso,
de manera que ya no se tratase de una mentira, sino de una realidad. Detrás
de la mentira, existe la intención del engaño; toda realidad
expresa una perspectiva más o menos genuina de la verdad. En todo
caso, para que tres personas coincidan en una mentira hace falta un complot,
para que trescientas personas lo hagan, hace falta una Escuela.
Toda una capa del hojaldre social somete a otra a partir de la inoculación
de una mentira en el pensamiento general, y así como antes se trataba
de convencer, ahora se trata de convencerse. A lo largo de la evolución,
lo que fuera impulso se ha transformado en Doctrina para volverse luego
Ideología. A partir de la construcción de la mentira estructural,
la formación, la lucidez del sometido es peligrosa. Es necesario
formar tanto como es peligroso que se forme. La Escuela aparece como función,
como acción unívoca desde una posición social a otra
en torno a la relación de Poder. Y así como el Poder se
vio obligado a educar para mentir, a formar para evitar la independencia
de la formación, se halló luego ante el peligro del saber.
Los tiempos de la informática son los tiempos de la información.
Hoy ocultar equivale a mostrar compulsivamente, a dar todo sin dar nada,
a desvalorizar la información como tal para transformarla en instrumento
estupidizador, en evasión sensible. Subidos al tren de la evolución,
estamos observando qué tan peligroso puede ser no ser concientes
del lugar en donde estamos. Basta confundir lo suficiente y mover las
piezas rápido para jugar siempre con la iniciativa. Desde los Medios
Formadores de Masas
(3) (o si se prefiere su eufemismo, los Medios
de Comunicación) se impone la instrucción solapadamente,
de manera que estemos siempre discutiendo lo que es necesario discutir
para nunca discutir lo necesario. En un trabalenguas Magistral, la información
juega un rol protagónico para la conservación del Poder
como instancia social. Cumple esa función de la materia prima y
de la trampa, de la perversa utilización del remedio como veneno.
¿Quién juega? ¿Quién mueve con blancas y quién
con las negras? El Poder es un sujeto tácito, un Ellos nunca manifiesto
porque en este juego toda manifestación es un engaño. El
Poder es relación y sujeto porque es condición del vínculo,
es función social y quien la cumple se ajusta al traje. No se trata
simplemente de vencer al Poderoso, sino de destruir al Poder. El Poder
es sustantivo que designa la relación entre entidades verticalmente
diferentes, una sometida a otra, todas condenadas entre sí a la
ausencia de libertad. Los Poderosos son esos funcionarios de la estupidez
que no se han enterado todavía que someter es someterse, son esos
mezquinos y calculadores parásitos capaces de perder la libertad
con tal de beber la adrenalina enfermiza del sadismo. Han tomado la capacidad
de someter como virtud, y no se dan cuenta que se hallan enredados en
el tejido de trampas que inventaron para otros.
El enfrentamiento es contra un enemigo interno. La máscara, la
Persona del Poder es cómplice y soporte para un absurdo enemigo
que respira dentro de nosotros, duerme con nosotros y se mira en nuestro
espejo. Seguramente será necesario eliminar al Poderoso, pero con
eso no basta. Muerto Dios, deberemos matar también a su sombra
(4), su seña
en nuestra vivencia cotidiana, en nuestros sueños, en nuestra fe.
Es crucial reconocer el Poder oculto en cada Certeza, en cada Doctrina,
en cada Religión. Así como la supervivencia de Dios a Nietzsche
se llama Ciencia (como puede llamarse Magia, Idilio, Nietzsche, Marx,
Kropotkin) la Persona del Poder puede mutar cuantas veces sea necesario.
Y es que no hay esencia que pueda resolvernos el problema: a la instancia
vincular sólo se le puede responder mirando también hacia
adentro.
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