Linchamientos: la mano propia

No tengo idea de cómo funcionará en otras partes, pero aquí en Occidente pienso que un linchamiento no es cualquier acto violento, ni la pura respuesta violenta a la violencia: es una construcción simbólica en el plano colectivo cuya violencia primera no impacta sobre la víctima, sino sobre el orden que regula la situación social. En el linchamiento hay una unanimidad y una víctima, y hay la tolerancia de lo violento en el seno de una instancia de excepción. No hay justicia, ni hay estrictamente venganza. Hasta aquí, no hay grandes diferencias respecto del sistema judicial contemporáneo. Lo que lo vuelve incómodo para la sociedad es que la unanimidad en cuestión no es la misma. Quizás convenga preguntarnos en principio,…

Quiera el pueblo votar: Notas acerca de la obligatoriedad del voto

En junio del año pasado, se publicó en el Boletín Oficial la promulgación de la reforma del Código Electoral Nacional […] Un sistema clásico de vigilancia, arcaico y visiblemente corporativo, se pone en juego hasta en la más ínfima de las jurisdicciones, legislando incluso el gobierno nacional acerca de las obligaciones de fiscalización cívica que pesan sobre empleados administrativos municipales. No es un despliegue menor. ¿Por qué lo hacen?
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Querer querer y poder poder

Los indignados de la Propiedad no pueden, o no quieren, ver la relación directa entre el tener y el no tener. Entonces uno no puede menos que asombrarse y desconocer al sentido común que grita que en un mundo donde hay gente sin techo, hay casas vacías. ¿Qué pasa cuando la voluntad general no es la Voluntad de la Ley?
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Gato por liebre

Ayer, 13 de septiembre, por la noche, varias multitudes se manifestaron en distintos puntos de Argentina con un masivo cacerolazo. La convocatoria, lanzada desde las sombras de ese mundo paralelo al que nos vamos acostumbrando de a poco, y que nombramos ambiguamente como redes sociales, tuvo un éxito rotundo. El recurso del cacerolazo muestra cómo es que se incorporan a la normalidad ciertos episodios que han sido excepcionales cuando aparecieron. Esta remembranza acaba consiguiendo reemplazar lo nuevo con lo viejo, lo disruptivo con lo conservador.
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24 de marzo

El 24 de Marzo conmemoramos dos episodios del sainete argentino: el día en que tomó el poder la junta militar para inaugurar el Proceso, y el modo en que el corporativismo contemporáneo utiliza el símbolo aquél para afianzar, les guste o no a los progresistas, el terrorismo más fijo y estructural que conocemos: la figura política del Estado moderno.
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De las cosas nuevas

La estrategia corporativa destruyó el movimiento obrero en Argentina y en el mundo, porque la mesa de negocios de las corporaciones y los gobiernos en nombre de la “pacificación” y de la “conciliación de clases” es lo que nos trajo hasta aquí y nos propone ser protagonistas de nuestra propia expoliación con los recursos representativos de la opresión política. Son viejos recursos que se ofrecen como la novedad del siglo, un relanzamiento de la “Rerum Novarum” 121 años después […]
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Los medios en el medio vs. la fuerza débil

Ahí donde haya un emprendimiento de mega-minería, habrá una movilización popular. Esto no es nuevo. En rigor, hace años que las poblaciones andinas, aisladas de los medios masivos nacionales e internacionales, vienen sosteniendo una resistencia que, en ocasiones, ha tenido aspectos épicos. Lo que resulta llamativo, es que las noticias nos llegan de la mano de Clarín, TN, Canal 13, Radio Mitre, etc. No es que antes no hubieran hecho noticias con todo esto. Canal 13 ha hecho anteriormente informes sobre Andalgalá[1], por ejemplo, en febrero de 2010, cuando se produjeron los primeros actos de resistencia popular. Tienen, ciertamente, un interés ubicado en el conflicto andino. Pero lo importante aquí es que hay un costado político en esto que no…

Anarcocapitalismo

En tiempos en los que tanto el Estado como el capitalismo están siendo cuestionados por mucha gente, arteramente se identifica a quienes luchan en contra del Estado con quienes defienden el sistema financiero. En otras palabras, afila la tenaza que dice que oponerse a una estructura política implica defender otra peor, eterno reduccionismo a dos con el que se polariza lo posible para fortalecer una elección menosmalista. Para que un pez muerda el anzuelo es necesario que haya un pez.
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Por qué 2001 no fue un fracaso

La primera lectura más o menos generalizada, en el seno de las organizaciones de carácter emancipativo, e incluso en tantas opiniones de café, es que todo terminará en la nada. “Como en 2001”, se repite una y otra vez. Encuentro dos formas generalizadas de referirse a 2001: como un fracaso, o como una crisis. Sin embargo, somos varios los que sostenemos que allí ocurrió otra cosa, otra cosa que se ubica en el punto ciego de las miradas tradicionales de las políticas hegemónicas y revolucionarias, otra cosa que no sólo no terminó en nada, sino que aún no terminó. Esto recién empieza.
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