La manipulación de nuestro entorno ha llegado, con el auge de la industrialización, a tales extremos, que amenaza la existencia misma de la especie. El calentamiento global, el hacinamiento, la contaminación del aire, la tierra y el agua, la tala indiscriminada, son sólo ejemplos palpables de nuestra miopía cultural. ¿A qué se debe este expansionismo ilimitado, esta actitud agresiva que todo lo arrasa? En occidente no usamos, nos apropiamos; crecimos con la creencia de que podemos ser dueños de algo. Nos adjudicamos un escalón bastante alto en el mundo, y supusimos que lo que pudiéramos poseer nos pertenecía; la naturaleza estaba puesta ahí para que dispusiéramos de ella. Y no sólo la naturaleza. Así como explotamos “nuestros” recursos naturales , también lo hicimos con lo que el capitalismo moderno dio en llamar recursos humanos .
Partamos de la base de que nadie se explota a sí mismo. Para no ser víctima de nuestra explotación, es necesario considerar que dos personas están esencialmente inconexas, y sólo se relacionan por una eventual convivencia. Esta concepción se sustenta en la idea de la existencia esencial , según la cual, el mundo se reduce a una sumatoria de elementos, fundamentales e indivisibles, que son la mínima partición posible de lo real: el átomo (del griego a: sin, tomos: partes) en lo físico, el individuo (del latín : indivisible) en lo social. Así, concebimos a la sociedad como una sumatoria de individuos , unidos a través de un “contrato”, tácito o explícito, en pos de un propósito común, o porque no queda más remedio.
En esta línea de pensamiento, el otro no es necesario para mi existencia. Si no me es útil, será, en todo caso, un estorbo para mi libertad, entendida como un expansionismo potencialmente ilimitado, reducida al capricho y compatible, como hemos dicho, con el sometimiento. De ahí el mito del superhéroe autosuficiente, de ahí que “mi libertad termine donde empieza la del otro”. La única relación entre las libertades es una barrera; en esto se basa la supuesta necesidad de leyes que regulen las libertades individuales , de elegidos (ya sea por Dios, por el Rey o por un supuesto Pueblo) que las dicten, y de fuerzas del orden (grupos armados) que amenacen de muerte para hacerlas cumplir (detrás de todo castigo legal hay una amenaza de muerte, nadie pagaría una multa si no temiese ir a la cárcel, y nadie aceptaría que lo encierren si no temiera morir).
A la idea de existencia esencial se contrapone la de existencia vincular , que refiere la existencia a una relación de fenómenos, en tanto sucesos, que se nos manifiestan “individualizables” en función de la situación particular en la que se contextúan. Es decir que la existencia es una interrelación dinámica de fenómenos y no una sumatoria de elementos esenciales.
Así como no podemos reducir el sonido de un aplauso a la suma de los sonidos de cada palma, “podemos considerar la incandescencia sostenida entre dos brazas como la más pura expresión de la interrelación y el vínculo ”.
La existencia está definida por el vínculo y por lo tanto mi libertad no puede desarrollarse plenamente sin un otro libre. Si yo someto, me someto. La libertad deviene del desarrollo de las potencialidades de una comunidad, no es una condición del individuo, no puede serlo, ya que “es condición del vínculo y no de la esencia” . No puede haber un ser humano libre, porque no puede haber un ser humano.
Es desde la existencia esencial que tiene sentido imponerse, ya sea a la naturaleza o a otro. Es desde esta óptica que aparece la asociación entre organización y jerarquía, y que poder hacer empieza a asociarse con poder imponer. Y entonces lo que era una acción pasa a ser una posesión; se posee como se posee un arma. El poderoso, el que puede, es el que tiene Poder. El Poder es sujeto , es sujetable, es apropiable. Y con poder se sujeta y se apropia.
“La idea del expansionismo asociado a la libertad va de la mano de la idea del sometimiento como expresión de la potencia, lo que equivale a considerar a la potencia como sinónimo del Poder, y entonces al Poder como fundamento de la libertad. En ese punto, la confusión entre poder y Poder arrastra la expansión como ideal de libertad, de manera que todo aquello que detenga una expansión indefinida, absoluta y eterna, atentará contra la libertad misma. (...) La libertad, aquí, necesita contención, límite, tope que prevea todo tipo de excesos. Pero, ¿de qué manera puede imaginarse una libertad limitada, circunscripta a alguna clase de corral de lo adecuado, obediente a cualquier clase de límite o frontera que señale desde la imposición la diferencia entre un yo libérrimo y un nosotros de correccional?
Siguiendo la idea de la existencia vincular, la auténtica libertad es expresión de los hombres en el desarrollo de todas sus capacidades, de sus potencialidades hasta el extremo, y ese extremo estará dado por la absoluta libertad de todos los demás, de esos otros que ya no son peligro y competencia, sino fundamento verdadero y soporte de una libertad que sólo siendo común es propia.”
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