El Hombre ganado

La urgencia y la emergencia como recursos para evadir los conflictos de fondo

Por Adrián Mancuso

Apelando a la legislación dentro de la legislación y la propiedad privada dentro de la propiedad privada, el Estado empresarial y en algunos casos marcadamente religioso establece un territorio en el que el dinero otorga derechos y es la medida de todas las cosas, naturaliza el operar de fuerzas parapoliciales que no son otra cosa que la legitimación del mercenario y la violencia contratada.

Nada de esto sería posible sin la colaboración del Estado y sin el fuego que alimenta a estos grandes monstruos, que es la concentración de capital. Esto les permite torcer leyes, desplazar poblaciones, cortar accesos, modificar cursos hídricos, generar impactos ecológicos que sufrirán generaciones, etc., para satisfacer sus ambiciones de poder y realizar sus proyectos de control territorial y social.

En todos estos años de instauración del modelo de inclusión-exclusión en función del poder adquisitivo que implica el avance territorial de las urbanizaciones cerradas (barrios privados y countries), los ejes de discusión asociados a estos proyectos inmobiliarios han sido sistemáticamente asociados a:

-desastres de tipo ambiental (inundaciones, arrasamiento de tierras productivas y humedales, contaminación, modificaciones de los flujos de agua, filtración de napas, pesticidas , fumigaciones y agrotóxicos) y las consecuencias sociales que estos hechos implican

-irregularidades en la adquisición de las tierras y/o en los permisos de obras

-irregularidades en los estudios de impacto ambiental, de accesibilidad e impacto social por el súbito incremento poblacional que producen, etc.

Esta problemática, real por supuesto, solapa y posterga indefinidamente la discusión de fondo sobre las consecuencias, las premisas y las intenciones que rodean a estos emprendimientos inmobiliarios desde la perspectiva de las estructuras y dinámicas socioculturales que fomentan. ¿si respetaran el medio ambiente, se acabarían los problemas? Definitivamente no.

Hay una política del miedo, una tramitación del miedo precisa y dosificada, una administración de la violencia, una publicidad de la amenaza. Una estrategia de control de los cuerpos a través del control de las voluntades cuya metodología es el estado de emergencia.

Es necesario que buena parte de la población se sienta tentada o forzada a vivir en condiciones de encierro, de un lado o del otro de los muros. Para el laburante el recurso es el de siempre: continuidad laboral; es una población acostumbrada al maltrato, a ser requisado, hacer largas colas y caminatas interminables. Viven encerrados afuera y sostienen con su trabajo la economía del excluido. Para los propietarios, apelan a establecer discursos y estrategias de control del tiempo y de las identidades. Lo mismo hacen para controlar la resistencia inevitable de los grupos sociales que pagan las consecuencias del negocio. A través de una política de la emergencia procura evitar que se disponga socialmente de tiempo para pensar, para accionar, para organizarse críticamente y no sólo operativamente; expropiar el tiempo y disponer el remanente en luchas inscriptas en la resolución de problemas de superficie, emergencias y urgencias que disipen la energía de los grupos en lucha en resoluciones dosificadas de problemáticas permanentes, a la vez que permite vulnerar derechos y acostumbrar a la población a requisas y manoseos masivos y sistemáticos, poniendo en mano de empresas privadas de seguridad una base de datos (fotografías, documentación personal y vehicular, movimientos, ocupación, traslado de bienes personales) minuciosa: naturalizar la vigilancia, establecer la premisa de que todos somos potenciales delincuentes. El encierro es la libertad del paranoico.

Actuar en la emergencia reduce las opciones posibles y aumenta los costos (sociales, ambientales, económicos, éticos) pagables. La emergencia opera a través de la amenaza. En ella se actúa como si se estuviera bajo amenaza en el instante de la decisión de encierro, esto es, escapando, pero “pasado el peligro” no se busca restaurar la cotidianeidad perdida, sino que se asume lo nuevo como cotidiano, como posible, sostenible y hasta deseable. El afuera es el miedo. Es el lugar en el que no se puede comprar vigilancia ni represión discrecional, es decir, dirigida al sector poblacional que no esté dispuesto a someterse a los dispositivos de control impuestos por un determinado poder económico. Establecida la dinámica del encierro el territorio para el control de los cuerpos está sembrado.

La evasión y la analgesia producida por el consumo de una realidad de industria tiene efectos sociales, culturales y económicos devastadores. Ni siquiera se discute, ni siquiera se sospecha, la coincidencia de las condiciones de posibilidad que se desprenden de estos dos esquemas de organización social: la “libertad del encierro” extrema la misma red de producciones de sentido que produce la amenaza de la que se pretende huir. Replica y supone las mismas relaciones sociales, el mismo control de los cuerpos y las voluntades, y las mismas dinámicas de producción y consumo. Quienes huyen, reaccionan cuando se sienten amenazados reforzando las estructuras que generan las condiciones de posibilidad de la amenaza.

A través de la concentración de capital garantizada por la protección del Estado, se genera una “aristocracia burguesa” que determina universales sin la necesidad de acuerdo ni debate.

Se trata de invisibilizar el territorio, moverse libremente en una jaula invisible. Una libertad de mercado que desconoce sus condiciones de producción. Libertad que se comercializa, que depende de la capacidad de control sobre el entorno y sobre el otro, que se incrementa con la expansión de su dominio sobre el espacio y las voluntades. Aumenta con el aumento cuantificable del poder adquisitivo y de su concentración como amenaza; adquirir es imponer el dominio sobre lo adquirido, establecer los recursos, materiales y humanos, bajo la sombra de la amenaza.

¿a quién le reconocemos este derecho? ¿a qué grupos o identidades?¿por qué opta por alguna estructura de dominación en particular?¿cuáles son los mecanismos de legitimación?

Este artículo pretende ser una denuncia y un disparador para el pensamiento, más aún para quienes estén inmersos en esta red de trata de las voluntades. ¿cuál es la complicidad de sostener este modelo de vida? Propongo las siguientes líneas de aproximación al análisis:

-la sociedad de castas; accesos y horarios diferenciados para propietarios, visitas, y los que deben trabajar adentro pero vivir afuera: la necesidad del excluido

-estas “castas”, propietarios, visitas y servidumbre (todo aquel destinado a la enajenación de su fuerza de trabajo dentro de estas urbanizaciones), están claramente diferenciadas por nivel económico-social y por la regulación del tránsito, sus derechos y deberes, y el trato recibido.

-la diferencia de clases se hace patente y estable: la clase “baja”, sobre la que se soportan las otras, es la única con horarios de permanencia controlados o con sitios habitacionales diferenciados.

-la servidumbre es confinada a vivir afuera, expuestos al peligro y la inseguridad que empuja a los propietarios a encerrarse en sus condominios cercados

-hay una asociación directa entre pobreza y delito, ya que el acceso habitacional a las urbanizaciones cerradas depende exclusivamente del nivel económico del aspirante

-la puesta en escena; “como si fuera una ciudad”

-la cancelación de la diversidad: -la “ciudad perfecta” contra la ciudad diversa;

-el entorno homogeneizado

-la centralización y el discurso único

-la frivolización de los discursos:

– espacio común, por supuesto común para un “nosotros” establecido por la propiedad privada, directa (dueño) o indirecta (inquilino). Este “nosotros” compra su pertenencia, su derecho al espacio común con un aporte mensual en forma de expensas o cuotas, lo que delimita claramente el corte de clase social que será excluida del uso de este espacio;

– naturaleza, construida a imagen y semejanza del discurso homogeneizante que se pretende imponer, una naturaleza de utilería montada sobre ambientes naturales arrasados (como es el caso de las urbanizaciones polderizadas, en los que se arrasó decenas de miles de hectáreas de humedales; sólo en tigre, alrededor del 40% de la superficie continental), sepultados bajo millones de m3 de tierra inerte y vuelta a cubrir con tierra negra extraída de campos fértiles;

– ecología, presentada como “apariencia verde”

– conciliación de clases, en la absoluta desconsideración de lo que implica ese simulacro interno de paz social

– seguridad, a la que no tienen derecho las clases excluidas por su condición económica, aún cuando sostengan el funcionamiento del barrio, salvo, por supuesto, la servidumbre “cama adentro”, que acceda a vivir en sitios diferenciados dispuestos a tal fin, o las viviendas sociales que les han sido impuestas, paliativo que no toca ninguna problemática de fondo;

– asistencia social, paliativos asistenciales destinados a los barrios periféricos que viven en la miseria producida por el avance físico y el sistema económico que estos emprendimientos reafirman y usufructúan.

-sociedad de control: -la naturalización del ser vigilado y requisado

-la ilusión de la sociedad sin crisis

-el crecimiento como expansión y ocupación territorial

-control sobre el tiempo: en el vértigo se actúa, como en la emergencia, subiendo la vara del impacto admisible, de los efectos colaterales y riesgos sociales asumidos, justificando la imposibilidad del análisis.

-el hombre ganado

-criado y conducido como alimento de la concentración de capital

-como cuantificación del poder acumulado

-como reproductor del sistema de dinámicas y estrategias de control de las voluntades y los cuerpos

-como alienación: el Hombre derrotado, enajenado de su conciencia de sí

..en tal caso, ¿ganado por quién? ¿quienes se benefician de generar entornos culturales que “confinen” a la población a estos círculos de dominación autorregulada? ¿quién conduce al hombre ganado al matadero? ¿a quienes alimentan; quiénes crecen y se desarrollan consumiendo las voluntades y los cuerpos que arrean? ¿a quiénes corresponden los capitales y en qué entorno se desenvuelven?

..las relaciones entre la derecha eclesiástica y el neoliberalismo: un plan de dominación vehiculizado a través del mercado y de la concentración de capital. Lo religioso como matriz del deber ser y el dinero como medida del merecer ser.

-ganado en su presentación ante el mundo: el hombre observado:

..las cámaras de vigilancia y las casas “transparentes” ..rendir la identidad a un sistema de control policial-empresario

..la imagen como frontera: ¿cómo resguardar la intimidad siendo observados?: la construcción de la imagen como proyección de la normalidad y el fortalecimiento de la hipocresía como defensa ante la intromisión

Es hora de enfrentar las discusiones que se postergan, la ingenuidad ya no puede ser la excusa de la complicidad. Nuestras acciones tienen consecuencias y ellas nos obligan éticamente. La miseria maquillada está estallando en nuestras manos mientras negamos con los ojos cerrados. Hay una problemática de fondo que no se limita a los “daños colaterales del progreso”, estamos atravesando una crisis sistémica a la que vamos a tener que atrevernos de una vez por todas.