De las cosas nuevas

Yo no veo el movimiento obrero como parte del problema, para mí es parte de la solución. Cuando los trabajadores son prósperos compran productos que hacen prosperar a los negocios.

Barack Hussein Obama, presidente de Estados Unidos [1]

Desde hace un tiempo ya largo estamos siendo atormentados por el mensaje apocalíptico de la crisis financiera internacional. Se trata de una reestructuración del sistema capitalista luego de la implosión del sistema financiero a causa de su propio desarrollo. En los hechos se ve que la falta de actividad financiera tiene un impacto en lo sectores industriales y en el comercio internacional que detiene la actividad económica. Ante ese detenimiento ocurre lo presumible: cadenas de despidos, ajustes y una feroz precarización laboral, acompañada de un aumento en los costos de vida con tasas impositivas crecientes y aumentos en tarifas de servicios públicos y artículos de primera necesidad.

Es evidente que el hilo se corta por lo más delgado. Cada vez que se sacuden los mercados se resiente la base que los sustenta: el trabajo. Algo similar ocurrió en 1929 y tuvo como respuesta el auge de los gobiernos corporativos en todo el mundo occidental. Y esto tiene un sentido que más nos vale tener presente. La respuesta del sistema político de gestión estatal a la inestabilidad de su cimiento económico es la seducción del movimiento obrero capaz de mantener la calma bajo la amenaza de la tormenta y lograr así la complicidad necesaria para la recuperación comercial del capitalismo.

La famosa globalización de los años noventa ahora parece olvidada y se vuelve sobre los modelos nacionales convocando al “esfuerzo de todos para salir de la crisis”. Pero, ¿en qué consiste ese esfuerzo-de-todos? Empieza por el primer principio: existe un Todo del cual formamos parte, y en tanto partes de ese Todo somos meritorios de una existencia determinada por derechos y por obligaciones. En efecto, la identidad en términos de funciones particulares se expresa como la fijación de las relaciones entre partes. El hígado tiene derecho a la insulina, y la obligación de procesar glucosa. Un organismo es un conjunto de partes funcionales que se corresponden entre sí de forma interdependiente, y de nada sirve un órgano del organismo que ya no cumpla sus obligaciones.

Cuando la sociedad se piensa como un todo orgánico aparece una estructura política que ya se ha vuelto tradicional: el corporativismo. En este modelo se determinan sectores de la sociedad que confluyen en su representación ante el Estado. El Estado, entonces, representa la totalidad completa de la sociedad: por dentro de él todo, por fuera de él nada. Así es como el aparato de gestión de poder que es el Estado, asume una potencia simbólica extraordinaria colocándose en lugar de la sociedad. De esta manera se autoriza su intervención en cada aspecto de la vida social.

No obstante, en este esquema, lo que necesita el Estado para poder intervenir y regular la interioridad de la sociedad que domina es la existencia de un sistema de representaciones que permita la interacción orgánica de las partes. El Estado no puede hacer nada con las identidades dinámicas de la multiplicidad si no las agrupa en conjuntos identificables sin excedentes permitidos. Es decir, no puede hacer nada con las subjetividades singulares, solamente puede interactuar con “los estudiantes”, “los empresarios”, “los obreros”, “los maestros” etc. etc. Al fijar identidades colectivas a partir de las funciones que se operan en la sociedad constituida como está logra controlar colectivamente la vida social. De la efectividad de este control depende el éxito de su emprendimiento: la complicidad social para la prosperidad de los mercados.

Cuando a fines del siglo XIX el crecimiento del movimiento obrero internacional anunciaba, con una conflictividad creciente, una situación crítica para el capitalismo, la Iglesia Católica, que veía menguar también su poder, se alistó en la elaboración ideológica de un modelo de control social, económico y político, que nutrió la gestación del corporativismo estatal. En 1891 el Papa León XIII lanzó la nueva doctrina con su encíclica Rerum Novarum. En ella se preparaba lo que sería la avanzada corporativa que habría de efectivizarse con la dictadura de Primo de Rivera y luego la recuperación franquista en España, el Fascismo italiano, el Nacional Socialismo alemán, y con los gobiernos de Uriburu y Perón en Argentina, por nombrar algunos casos emblemáticos. Se trata de un proceso que se extiende a lo largo de la primera mitad del siglo XX y constituye la reacción de las clases dominantes frente al fantasma de la organización obrera revolucionaria.

Uno de los factores característicos de los modelos corporativos es, precisamente, la corporativización de los trabajadores avanzando sobre la organización sindical y dando a cambio las dádivas necesarias según el caso. Todos confluyeron en promover e imponer un ideario nacional y patriótico llamando a la conciliación de clases en virtud del esfuerzo colectivo en reemplazo de los discursos internacionalistas revolucionarios y manipulando particularmente la simbología y los discursos anarquistas o anarcosindicalistas [2]. Y todos confluyeron, al fin, en combatir ferozmente, con fuerzas militares o paramilitares, a cualquier forma de organización obrera que se mantuviera firme en su posición frente a la explotación capitalista, o que meramente intentara mantener alguna independencia del régimen estatal.

Ahora, la presidenta Fernández de Kirchner dice poco más o menos que Obama se ha vuelto peronista [3]. Y las corporaciones sindicales argentinas festejan. Ahí tenemos, por ejemplo, al SMATA, responsable de ataques violentos contra obreros metalúrgicos en conflicto contra la patronal de Dana Spicer [4] en Grand Bourg, provincia de Buenos Aires, en enero del año pasado, festejando el renacer peronista en el mundo de la mano del “primer presidente negro” de los Estados Unidos, ese “síntoma de un cambio cultural y social”, en palabras de cierto progresismo latinoamericano [5]. Todo este despliegue de vanidad y chauvinismo dice claramente que las corporaciones se saludan, se dan la mano, ante las decisiones que se van negociando en el seno del grupo de los 20 y que prometen un retorno al estatismo durante un rato, para salvar las papas. Es la misma transa que hacia la primera mitad del siglo XX realizaron los sectores de mayor concentración del capital con los modelos nacionalistas corporativos para detener las profundas transformaciones sociales que el movimiento obrero internacional estaba produciendo. Cuando flaquea la estabilidad del capitalismo aparecen los discursos totalitarios de simbología nacionalista para arreglar las cosas y ponerlas de nuevo a andar antes de que los oprimidos logren levantar la cabeza y aprovechar las debilidades del sistema político-social.

Los modelos corporativos tienen un solo recurso para realizar esta operación que consiste en dos movimientos: el primero es colocarse en el lugar del otro, es decir, representar; el segundo es neutralizar o destruir aquello que sobre a la fijación de las partes del Todo.

Un negro en el gobierno de los Estados Unidos, o “la primera mujer elegida presidenta” de Argentina, son botones de muestra de los mecanismos de representación. Su pertenencia a una parte los convierte en representantes de todos los que son contados en ese conjunto. A partir de ahí se refuerzan los sistemas de control y vigilancia junto con las estructuras mafiosas que operan como fuerzas de choque para detener cualquier fuga. La idea que se establece es que nada se puede hacer por fuera de los sindicatos, por ejemplo, cuando es evidente que la verdad es que nada se puede hacer por dentro de ellos, ya que están completamente atados a la razón corporativa que los sienta en la mesa de los empresarios a espaldas de cualquier trabajador.

Actualmente en Argentina una de las estrategias empresariales para “enfrentar la crisis” consiste en realizar una baja salarial generalizada. En las fábricas se hacen circular documentos para ser firmados por los trabajadores donde perversamente se los convoca a aceptar la baja salarial para evitar despidos. A los trabajadores que se niegan a aceptar semejante extorsión y apelan al respeto legal de los “derechos adquiridos” se los echa impunemente. Es una operación que se extiende cada vez más con el apoyo total de los sindicatos. Es evidente que la estructura representativa de la política sindical es completamente nociva para quienes están pagando el pato de los negocios ajenos, aquellos que están destinados a producir riqueza y sostener con un endeudamiento crónico el consumo interno y la actividad financiera a costa de la opresión política y la explotación económica.

Ya está dicho: el hilo se corta por lo más delgado. No obstante hay quienes deciden buscar otros caminos en medio de esta repetición de lo mismo. Las fisuras del aparato sindical son mayores ahora que hace diez años precisamente porque se ha visto que la situación actual se corresponde con el modelo internacional de exacción financiera que se desplegó desde los Estados Nacionales en la década de los noventa en casi todo el mundo occidental, y que ese modelo contó con la entera complicidad de los sindicatos.

Tienen razón cuando relacionan el intervencionismo estatal de Obama con la avanzada peronista sobre los sindicatos. Tienen razón, no porque haya algo de Obama que este del lado de los trabajadores, sino porque no lo hubo jamás en el peronismo, porque precisamente la estrategia corporativa destruyó el movimiento obrero en Argentina y en el mundo, porque la mesa de negocios de las corporaciones y los gobiernos en nombre de la “pacificación” y de la “conciliación de clases” es lo que nos trajo hasta aquí y nos propone ser protagonistas de nuestra propia expoliación con los recursos representativos de la opresión política. Son viejos recursos que se ofrecen como la novedad del siglo, un relanzamiento de la “Rerum Novarum” [6] 121 años después, reacciones conservadoras que se visten de progresismo. Un lobo vestido de carnero, soltado entre carneros.

 


[1] “I do not view the labor movement as part of the problem, to me it’s part of the solution”. […] “When workers are prospering, they buy products that make businesses prosper”. http://www.whitehouse.gov/blog_post/Todaysevent

[2] Nótese, como un ejemplo simbólico, los colores rojo y negro utilizados tanto en la liturgia nazi como en la falangista cuando ya el anarcosindicalismo se había hecho notar y había logrado un impacto importante en el movimiento obrero identificándose con esos colores.

[3] “Al hablar durante la ceremonia de firma del acuerdo con los gremios aeronáuticos luego de la estatización de Aerolíneas-Austral, Cristina Fernández dijo ’No sé si Obama leyó a Perón, pero me pareció que sí’ […] Los argentinos, que conocemos y hemos vivido las ideas pioneras de Perón, sabemos que dio a los sindicatos argentinos el espaldarazo político que les permitió crecer y adquirir un fuerte posicionamiento a la hora de negociar con las empresas […] El SMATA es un ejemplo de la concreción de las ideas de Juan Domingo Perón y su esposa. Evita, es la madrina de nuestro gremio”. La cita la tomé, en su momento, del sitio web del SMATA, sindicato de mecánicos (http://www.smata.com.ar). El enlace ya no funciona, y parece que en la nueva (y espantosa) versión de su sitio web ya no está publicada la vieja noticia.

[4] “El lunes 14 de enero, cerca de la medianoche, una patota de aproximadamente 60 bestias -algunos con la camiseta de Chacarita- golpearon a los trabajadores despedidos y en huelga. Los nuevos “batatas” llegaron con armas blancas, y saquearon el acampe atacando a los obreros con cuchillos y navajas. Además robaron pertenencias, rompieron coches estacionados, quemaron otros y se despidieron con tiros al aire. Como consecuencia del feroz ataque, el compañero Manuel Mora debió ser internado en el Polo Sanitario de la zona de manera urgente y otros heridos leves permanecieron en el lugar”. Indimedia.

[5] “Enfocado desde el tiempo largo, el triunfo de Obama es una victoria de una sociedad civil atravesada por un conjunto de movimientos socio-culturales (negros, mujeres, gay, antiguerra de Vietnam, entre otros), que una virtud de su propia personalidad, casi desconocida para los votantes. Ciertamente, es fruto de una generación de activistas negros en la que destacaron Martin Luther King y Malcolm X, así como de grandes actos como la Marcha a Washington por la libertad y el trabajo, el 28 de agosto de 1963, cuando King pronunció el célebre I have a dream“. Por Raúl Zibechi en La Vaca.

[6] “[…] para acabar con la lucha y cortar hasta sus mismas raíces, es admirable y varia la fuerza de las doctrinas cristianas. En primer lugar, toda la doctrina de la religión cristiana, de la cual es intérprete y custodio la Iglesia, puede grandemente arreglar entre sí y unir a los ricos con los proletarios, es decir, llamando a ambas clases al cumplimiento de sus deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de justicia. De esos deberes, los que corresponden a los proletarios y obreros son: cumplir íntegra y fielmente lo que por propia libertad y con arreglo a justicia se haya estipulado sobre el trabajo; no dañar en modo alguno al capital; no ofender a la persona de los patronos; abstenerse de toda violencia al defender sus derechos y no promover sediciones; no mezclarse con hombres depravados, que alientan pretensiones inmoderadas y se prometen artificiosamente grandes cosas, lo que lleva consigo arrepentimientos estériles y las consiguientes pérdidas de fortuna”. De la encíclica papal Rerum Novarum, 1891. El nombre de la encíclica significa, en latín, “De las cosas nuevas”.