Massa te mira

“Massa te mira”, así arrancó la campaña que llevaría a Sergio Massa a la intendencia de Tigre y que continúa hoy con las calles llenas de cámaras, fuerzas de seguridad, patrullas del municipio, el logo del partido hasta en los pastos y los curiosos carteles de “bienvenida” desde los que los ojos firmes y amenazantes de un tigre lo siguen a uno con esa mirada que parece no desprenderse nunca de su objetivo. Vigilancia y amenaza: si no te vigilo estás en peligro, en la capital de los Countries.

Esto me recuerda aquel espectáculo callejero en el que los niños miraban a los títeres, los adultos mirábamos a los niños, la policía pegó sin miramientos a la vista de las omnipresentes cámaras tigrenses, mientras los masivos ojos de los medios hicieron la vista gorda, abocados al triste espectáculo del Gran Hermano de lo privado para privarnos del Gran Hermano de lo público; hay algo transversal en todo esto: el observador es invisible para el observado, y la observación está siempre mediada. Bienvenidos a Facebook.

En la telepantalla sonaron las catorce. Winston tenía que marchar dentro de diez minutos. Debía reanudar el trabajo a las catorce y treinta. Qué curioso: las campanadas de la hora lo reanimaron. Era como un fantasma solitario diciendo una verdad que nadie oiría nunca. De todos modos, mientras Winston pronunciara esa verdad, la continuidad no se rompía. La herencia humana no se continuaba porque uno se hiciera oír sino por el hecho de permanecer cuerdo. Volvió a la mesa, mojó en tinta su pluma y escribió:

Para el futuro o para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios… Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser desecho:

Desde esta época de uniformidad, de este tiempo de soledad, la Edad del Gran Hermano, la época del doblepensar… ¡muchas felicidades!

George Orwell, “1984”

Mi querido Truman, en Tigre todavía los barcos no chocan contra el cielo.