Hacer lo imposible

El fulano de la foto es Daniel Cohn Bendit, eurodiputado. Parlamentarista ya no de un Estado Nacional, sino del Estado Multinacional de la Unión Europea. El fulano de la foto agitó las calles parisinas en mayo de 1968, aquél mayo simiente de la consigna famosa que decía: “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Cuando se discutía en el parlamento europeo acerca de la ayuda económica a Grecia, el año pasado, daba un discurso animadamente progre que se puede ver en youtube. En ese discurso decía, contra toda duda bondadosa, que, en nombre de la responsabilidad, no se debía ya pedir lo imposible. ¿Será que la revuelta es vicio de juventud, o será que el autobús del pragmatismo nos lleva siempre, fatalmente, por el camino de la repetición?

La utopía democrática, sueño hecho de trampas y de facilismos clasemedia, pretende que sea posible un capitalismo limpio, una cena en la que se coma sin culpas la carne de los otros. Es latiguillo ya decir que los tiempos históricos son largos. Cuando dijimos en 2001 que en diez años le tocaba a Europa, no imaginamos que fuéramos puntuales. ¿Será momento de pensar en rupturas, o quedará todo el cuento en la promesa de una “revolución de las conciencias”, en nombre de la democracia real (como si ésta fuera de mentira)? Sería hermoso que esta vez la pueblada logre superar lo reactivo. Sería hermoso menos zeitgeist y más organización. Sería hermoso que hagamos sujeto, que hagamos la igualdad, que hagamos lo imposible. Si no rompemos la representación, no rompimos nada.

Es necesario que la movilización que hay ahora en España exceda las fronteras del discurso. Especialmente cuando el discurso parece estar ceñido al manifiesto de la democracia real que se lee en http://democraciarealya.es/. Si todo el problema consiste en obtener por resultado un rejunte de representantes que puedan “llevar las voces del pueblo a las instituciones”, entonces no estamos hablando de nada que no sea la carta de intenciones fundacional de las democracias capitalistas de occidente, y de la suelta de justificaciones teleológicas para las carnicerías de los capitalismos estatales de oriente.

Hay un etimologismo de massmedia que pretende que democracia significa gobierno del pueblo. Se saltan dos o tres cosas. Por lo menos dos: 1- la traducción de demos por pueblo no es adecuada y, por lo tanto, es falaz. Demos puede traducirse por pueblo si hablamos de región, como si dijéramos Pergamino, San Marcos, Grado o Rubial. Sin embargo cuando decimos que el pueblo unido jamás será vencido, ¿estamos queriendo decir que han de juntarse Pergamino con San Marcos? La idea de Pueblo que se implica en el grito popular de las manifestaciones está directamente ligado a la idea de clase social, más o menos ligado a la idea de clase económica. Pero no es ese el sentido real de democracia, y entonces aparece la segunda cosa. 2- la representación. La idea de democracia es inconcebible sin la idea de representación. Lo más cercano que se imaginó es la idea de democracia directa, una idea en verdad algo bastarda, siendo que implica una contradicción en términos. ¿Acaso la elección de una minoría mayoritaria (me aclaro: la minoría más voluminosa) es expresión de la voluntad general que erotizaba a Rousseau? En el caso argentino, que es el que conozco, un conteo de votos equivalente a poco más de un diez por ciento de la población basta para legitimar a un gobierno (por caso el actual). ¿Podemos colegir de semejante farsa que el pueblo ha decidido? Esto es falso tanto por lo numérico como por lo formal, que es mucho más importante. Ocurre que elegir entre las posibilidades que ofrece un sistema no solamente no es decidir, sino que es todo lo contrario.

El punto es que situaciones como ésta que se vive hoy en España (si se me permite la simplificación) marcan el umbral de lo imposible porque en ellas se abre el no-lugar de la presentación de los comunes. Es la parte linda del manifiesto, cuando arranca diciendo que “somos personas comunes y corrientes”. Ahí está la potencia real que tiene todo esto. Hay un desborde tal que las categorías dadas no sirven. No sirve decir son los comunistas, son los anarquistas, son los liberales. No sirve decir son los trabajadores o los burgueses, los españoles o los inmigrantes. No sirve decir son los jóvenes, los niños, los adultos, los ancianos. No sirve nada de todo eso, porque lo que hay es la presentación de los comunes. Esto significa que cualquiera puede estar ahí. Esto significa que ese ahí es de hecho no-representable, y eso debería defenderse con uñas y dientes.

Lo que aglutina, como ocurrió en Argentina en 2001 (si se me permite la simplificación) es más la frustración que el descontento. Es la sensación de que lo que prometía funcionar no funciona. El desafío es pensar. Es imprescindible pensar, porque el problema no es que algo prometido no funcione, sino que lo que no funciona es la promesa. Y digo que es imprescindible porque pronto vendrá la nueva promesa que no es más que la reformulación de una promesa vieja, de la vieja promesa que no funcionó. La descomposición del bipartidismo en Argentina, frente a la movilización social por descontento y frustración, fue utilizada para la restauración de una bipolaridad más vieja todavía que el bipartidismo. Hoy se pretende atenazar los discursos políticos entre dos polos antagónicos que no hacen más que opacar aquella reacción que les abrió el camino. El problema en Argentina es que no se dio lugar a un pensamiento colectivo capaz de sostener aquella ruptura e inscribir sus consecuencias en la forma neta de un cambio social.

Acompaño entusiasmado lo que pasa en España. Acompaño desde la distancia con más ganas de estar allá que aquí. Pero es imprescindible, insisto, que no se pierda de vista lo que ocurre, porque lo que ocurre es mucho más que la petición de buen gobierno. Ocurre la posibilidad de una otra organización social. Ocurre la posibilidad de pensar lo que eso signifique. Ocurre la posibilidad de que el encuentro de comunes interrumpa la continuidad de las políticas de representación, de las políticas que siempre habrán de “dar la espalda al pueblo” porque eso que llamamos pueblo es la espalda de toda representación.

Agrego abajo el manifiesto ese. Lo agrego para los que no lo han visto, tratando de hacerme entender. Después de todo, las fronteras son asuntos del Estado, de modo que la movilización de allá no se me hace ajena en absoluto, como no le es ajena tampoco su hermana reciente, la que hace diez años hizo una marca en estos lares. En todo caso, ni lo de allí no lo de acá son, hasta ahora, revoluciones. Serán tal vez algo mucho más real y más concreto, algo quizás alguna vez más importante. Serán quizás la marca de que hay una estructura que se desmorona sobre sus propias grietas. Con tiempos largos, eso sí. Pero el tiempo sólo no alcanza: es necesario un hacer que sostenga esta ruptura, y para eso, más que la bendición democrática de Cohn Bendit, más que el pragmatismo conservador de lo posible, es necesario un hacer imposible que traiga la potencia de nuestra propia novedad. La de cualquiera.

MANIFIESTO “DEMOCRACIA REAL YA”:

Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:

– Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.

– Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.

– El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.

– La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.

– El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.

– La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.

– Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.

– Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.

– Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.

Por todo lo anterior, estoy indignado.
Creo que puedo cambiarlo.
Creo que puedo ayudar.
Sé que unidos podemos.
Sal con nosotros. Es tu derecho.