Una despedida

Hoy recibí la triste noticia de la muerte de Rafael, compañero a quien apenas conocí a través de su alter ego Daniel Barret, pero con quien tuve la suerte de compartir un inercambio movilizador de textos y conversaciones de esas en las que uno aprende y se siente menos solitario.

En sus textos dejó huellas importantes y una seña abisal acerca de la necesidad de insistir en las ideas vitalizándolas, alimentándolas, produciendo. Es preciso mantener vigente esa seña, lanzarla todo el tiempo, insistir en ella una y otra vez.

Recojo su esfuerzo (que es también el mío y el de algunos, ni tantos ni tan pocos) por hacer con la anarquía pensamientos y prácticas que no se refugien en memorias, homenajes y evocaciones esquivas, sino que azuzen el fuego libertario en lo más intenso de lo que seamos capaces sin conformarnos con las migas de juntar lo que quedó.

Se me escapa la suerte de volver a compartir con él algún café de esquinas aquí o allá, la de ir a visitarlo al Cerro, la de seguir pidiendo su opinión. Son asuntos de la muerte. Quizás tan sólo me sea posible saludar a la distancia a un compañero que se va y retomar lecturas pendientes sin estropear con homenajes la potencia de su pensamiento.

Ya está dicho, lo nuestro es pasar. Hasta siempre, Daniel. ¡Que viva la anarquía!