Sí de sí: de cuando conocí algun@s del MTD Solano.

El 12 de octubre pasado fui a ver la presentación del libro Contra y más allá del capital, de John Holloway, editado por la editorial Herramienta y presentado en BAHUEN. Visto de frente, el panel estaba integrado por Miguel Vedia, a la derecha, y Valdemar Jara, a la izquierda. En el centro estaba John Holloway, y, ausente, Atilio Borón.

Según mi opinión el discurso más consistente fue el que sostuvo Valdemar Jara, entre otras cosas porque mostró una especial combinación de experiencia y lucidez que confirma por sí misma que las vanguardias intelectuales del iluminismo revolucionario no son necesarias. Con esto no me refiero a Holloway, cuyo trabajo conozco a medias y cuyas ideas me parecen muy interesantes, útiles y necesarias.

Así fue que, a pesar de que los minutos para Valdemar Jara duraron 45 segundos, pudo volcar experiencias y criterios que me movilizaron mucho, y se granjeó un aplauso cerrado de parte del público.

Por eso, en el marco de la investigación para enta, lo llamé para entrevistarlo y, como resultado, ocurrió una hermosa charla durante la tarde del miércoles 22 de noviembre con él y algun@s otr@s integrantes del MTD Solano. Llevé mi grabador (que no facilita demasiado las cosas) pero no lo encendí. Ni siquiera tomé notas. Preferí dejarme llevar, ver cómo el diálogo puro hacía las suyas y luego la memoria el resto, una memoria también emocional que no registran los registros. Por eso es que lo que sigue es lo que yo junté de la mesa, o lo que estoy juntando ahora, cabiéndome a mí la responsabilidad del acierto y del error en la interpretación de sus criterios, y despidiendo muy de lejos toda presunción de objetividad.

De hecho, es importante considerar que no he tenido más contacto con la experiencia que llevan a cabo en el MTD Solano que la charla que refiero, y solamente puedo hablar desde mi lectura de lo dicho por ellos y por otra gente acerca de ellos. Espero poder corroborar alguna vez mis aciertos y mis errores.

la primera impronta

Bajé del 148 unos minutos después de la estación Florencio Varela, siguiendo las indicaciones que me había dado Valdemar por teléfono. Al llegar me convidaron con un plato de riquísima lasaña y el último vaso de vino del almuerzo. Mientras Valdemar arreglaba con la ayuda de un vecino el caño de escape de su auto, comenzamos a conversar con Neka, Silvia (creo que se llama Silvia) y otros más cuyos nombres nunca supe por no haberlos preguntado. Ellos fueron poniéndome en situación en lo que refiere a la situación de ellos, y mostraron la misma consistencia que Valdemar aquella tarde.

No escuché un discurso dogmático sino un discurso colectivo, no hegemónico sino coherente, dinámico y entonces consistente, no acabado, elaborado y libre, montado principalmente sobre los ejes de ideas como la de autonomía, horizontalidad, diversidad y decisión. No se mostraron atentos a ninguna ilusión identitaria ni a ninguna denominación o filiación que pueda ocupar ese lugar. Lo único que parece servir de seña es eso de MTD Solano, que ya ni siquiera corresponde a una ubicación territorial (ya no están en San Francisco Solano, aunque alguna vez arrancó allá), y cuya sigla no podría desplegarse sin alguna clase de disensos.

Por lo que pude ver de lo que me han mostrado los disensos no los asustan. Forman parte de la diversidad que observan cuidadosamente como recurso para preservar la dinámica asamblearia, las decisiones consensuadas, la autonomía interna y las articulaciones externas, cuando son útiles o necesarias. De hecho, si bien ya no “coordinan” con otros MTD con los que sí coordinaban no hace mucho, mantienen estrecha relación con otros movimientos del país y de Latinoamérica. Reivindican su autonomía, pero no consideran que estén aislados ni detenidos en posiciones principistas.

Aclaran que no es fácil: eso lo aclaran siempre. De hecho fue uno de los ejes de la proposición de Valdemar en la presentación del libro de Holloway, en la que detalló una autocrítica importante tratando de mostrar que no hay cerrazones ni respuestas acabadas. En aquel momento habló de las dificultades para, al mismo tiempo de atender las urgencias económicas del barrio, construir espacios de autonomía y horizontalidad, criterios o ideas fuerza fundamentales para el movimiento, a tal punto que los ha llevado a romper con antiguos compañeros, como, por ejemplo, el MTD Verón.

un poquito de interna

Este es un aspecto difícil en la interna de los movimientos. Las diferencias de prácticas y de ideas establecen distancias fuertes entre compañeros que se han acercado mucho en otros momentos. Por eso es que, desde mi punto de vista, hablar de piqueteros no tiene sentido en la medida en que solamente expresa una práctica de lucha que aglutinó sectores muy diversos en un período tan intenso como particular. A la vez, esta condición carga el asunto con una legitimidad notoria. En este sentido creo que fue Silvia la que dijo “nosotros no somos piqueteros”, y Neka la que señaló que se trata de ciclos vitales, que con los piquetes aprendieron mucho, crecieron mucho, se lograron muchas cosas, pero que no hay motivo para eternizar una práctica ni para darle continuidad cuando ya no es conducente a los propósitos del movimiento. Luego, habrá que ver cuáles son los propósitos del movimiento.

En este caso, sus propósitos parecen estar delimitados por aquellas ideas fuerza a las que me refería. No intentan instituir nada. De hecho, están muy atentos a que ciertas cosas no se instituyan, como prácticas consideradas por ellos como verticalistas en la conducción de los movimientos populares. Este es un importante punto de conflicto. Por un lado, ellos sostienen que algunos movimientos han dado lugar a prácticas que condicionaban la autonomía y la horizontalidad. Por otro lado, hay quienes los acusan de aislarse en una postura rígida, principista e intolerante. Luego, ellos consideran que el límite de su tolerancia estuvo en la institucionalización de aquellas prácticas en la articulación de los movimientos, mientras que por contrapartida se les achaca que el aislamiento los conduce a la imposibilidad de acción política, viable únicamente a través de la articulación con otros movimientos.

En todo caso, Neka dijo claramente que eso de sustituir al Estado en el barrio no es un propósito válido para ellos, de la misma forma en que, en otros momentos de la conversación, dejaron bien en claro que lo que buscan ya no es la obtención de “dignos puestos de trabajo”. Creo que fue la madre de Valdemar quien, cuando él se agregó a la charla en un parate de la mecánica automotriz, dijo algo así como que ellos, los llamados “desocupados”, trabajan más que nadie. Valdemar dijo: “Bueno, tampoco trabajamos tanto. No hacemos un culto del trabajo”. Esto fue muy claro. Ellos saben que el trabajo por sí mismo no dignifica, que la dignidad está en otra parte, que el trabajo en este sistema no es digno y que mendigarle al Estado aquella otra clase de dignidad de clase es un propósito que ellos no persiguen. Sí, en cambio, la producción de espacios de producción genuinos por autónomos y horizontales, y lo más autogestionados posible.

Lo que se intenta fundar en el trabajo colectivo y comunitario es una nueva forma de establecer vínculos humanos, relaciones de trabajo y más, relaciones humanas capaces de impulsar otra forma de vida. Plantear esto es muy distinto que plantear la inserción laboral en el sistema productivo actual, y esa diferencia de propósitos conlleva también diferencias prácticas.

autocrítica

Ya en la presentación del libro de Holloway, donde sí tomé notas, Valdemar había dicho que, mediante la adjudicación de los planes “trabajar”, o, mejor dicho, a partir de aceptarlos, se habían convertido en “mendigos del sistema”, que eso era asistencialismo, pero “¿Qué otra cosa podíamos hacer?”. De la misma forma, en la misma autocrítica, dijo: “Muchas de las cosas que nosotros criticamos las volvimos a repetir adentro. Lo vimos y en su momento no pudimos frenarlo”. Se refería a prácticas clientelistas según las cuales los planes trabajar y la mercadería recibida del Estado a partir de la lucha piquetera, se administraban de forma discrecional según quién fuera más o menos militante, si cabe la expresión. Muchos de los asistentes a las marchas no sabían por qué iban, y muchos ni siquiera conocían los propósitos del movimiento. Estas cosas fueron llevando a la ruptura y a la búsqueda de una alternativa social más consistente, que no reproduzca internamente lo que se combate del sistema social actual.

Valdemar interviene varias veces en nuestra charla señalando que hay errores que se mencionan en los que ellos también han incurrido o incurren de vez en cuando, de la misma forma en que se advierten dificultades, frustraciones e intentos poco afortunados de manera general. La autocrítica parece no ser una materia o una acción, sino más bien un aspecto más del hilo discursivo, una suerte de recurso naturalizado que aparece solo y de forma regular. Esto tiende a subrayar, más o menos voluntariamente, la posición que asumen ante la experiencia política. No intentan defender posiciones, sino vivir mejor.

administración de la asistencia

Actualmente la administración de la mercadería en el MTD Solano se realiza de forma igualitaria. A cada miembro le corresponde una parte igual. Me lo explicaban más o menos así: “Si somos 90, separamos lo que hace falta para el comedor, y dividimos en 90, y lo que sobra del comedor, que a veces sobra bastante, lo volvemos a repartir de la misma forma”. “Lo que pasa”, me decían, “es que a veces te mandan mucho de una cosa y nada de otra. Por ejemplo, la otra vez nos mandaron un montón de yerba pero nada de azúcar”. Es que, no es para extrañarse, el Estado manda lo que sobra de algún negociado, allanamiento o confiscación. “La otra vez, por ejemplo, nos mandaron una cantidad impresionante de champiñones”, dijo Neka, ilustrando la situación con cierto aire surrealista.

Los excedentes de lo que reciben generan una especie de desborde por el cual se intercambian con los vecinos las cosas que sobran y que faltan, según el caso. Esto es así porque las condiciones generales del barrio trazan medianamente alguna clase de tejido social más allá de la militancia en el movimiento. Esto se entiende en la manera en que lo proponen cuando observan que con algunos compañeros se pueden hacer algunas cosas y con otros otras, y que tal vez no todas con todos. Lo mismo ocurre con los vecinos, y el desafío es, probablemente, saber distinguir cada caso y a partir de ahí construir alternativas. Eso sí: aclaran muy bien que hay cierta gente con la que no se puede hacer nada, como, por ejemplo, con los punteros.

la anarquía

Tras oír la claridad con la que tomaban distancia respecto del Estado como ambición, con la que reflexionaban críticamente acerca de la “dignidad” del trabajo, proponían la autonomía, la horizontalidad y la autogestión, y consideraban la diversidad como un dato fundamental para componer la dinámica interna del movimiento, no pude resistir y pregunté por la palabra: “¿Por qué creen que la palabra anarquía está ausente en todos los discursos de este tipo?”, refiriéndome también a Holloway, Virno, Zibechi, etc. Me contestaron (creo que fue Silvia) que ellos evitan toda designación identitaria. “Tomamos muchas cosas del anarquismo, pero también de otras partes”, dijo Neka. Ya lo había dicho Valdemar en el BAHUEN, respecto a la conformación del movimiento en sus orígenes: “si preguntan: ¿Eran marxistas, cristianos, peronistas, anarquistas? Sí. Eso y más. ¿Gente cagada de hambre, buscones de prebendas, movimiento reivindicativo, movimiento político? Sí. Eso, y más”.

Más adelante, Valdemar cuestionó la organización anarco-sindicalista como una organización jerárquica, así como cuestionó la actitud de algunos anarquistas de oponerse a todo y aceptar todo. “Algunos venían diciendo que se oponían a la tecnología, al lavarropas, al calefón, pero después venían a bañarse a casa porque había agua caliente. Lo mío es mío y lo tuyo es mío”, sintetizó. Dejando de lado la discusión con el anarco-sindicalismo, discusión que en ese momento consideré inabarcable, contesté que existe tal diversidad interna en el movimiento anarquista que da lugar a que cierta gente con alguna clase de voluntad insolente o revulsiva, compusiera identidades del tipo anarco-capitalista o anarco-lo que sea.

En este sentido, me pareció que, si bien Neka y Valdemar tomaron al anarquismo de formas diferentes, ninguno reparó en que yo preguntaba por la anarquía y no por el anarquismo hasta que yo lo mencioné, y, de hecho, al menos en el caso de Valdemar, la respuesta parecía venir con carrera, como suele pasar cuando se habla de anarquía y de anarquismo, y como me pasó también a mí, en sentido opuesto, cuando hablamos de ciertas participaciones políticas en el barrio de Olivos (ver más adelante).

Así fue que, luego de esteriotipar al anarco-calefón como una especie de parásito neo-hippie con lo peor del neo y lo peor del hippie (y nada de anarco), señalé que mi trabajo está orientado a la anarquía y no tanto al anarquismo y mencioné el capítulo 13 de enta, titulado anarquismo y anarquía, donde propongo la necesidad de salir del anarquismo camino a la anarquía. El planteo pareció interesarles, y Valdemar agregó: “del anarquismo a la anarquía, del autonomismo a la autonomía, del peronismo…”. Hubo risas. “Ahí no hay”, contesté. “El peronismo es un viaje de ida”. Honestamente, no sé cuánto hubo de risas y cuánto de silencio.

autonomismo, operatividad y un poco más de interna

Valdemar se mostró molesto cuando mencionó que se los acusaba de autonomismo. “¿Qué es autonomismo?” preguntó a la nada. Y es que pareciera denunciar una suerte de tácito manual del buen movimentista donde se estipulan las categorías y las prácticas que deben realizarse. Contó la anécdota de cuando se cruzó con un militante y lo primero que éste le preguntó fue “¿Ustedes con quién coordinan?”. “Como si fuera obligatorio coordinar”, dijo, y agregó irónicamente: “a ver, en qué parte del manual está…”.

Esta reacción está enlazada con una discusión que alguna vez fue interna cuando el MTD Solano “coordinaba” con otros Movimientos de Trabajadores Desocupados. Es una discusión que llegó a niveles de mucha dureza, y que ha generado rispideces, por ejemplo, con el MTD Lanús y con el Frente Darío Santillán. El 25 de octubre tuve la oportunidad de entrevistar a Pablo Solana, que milita actualmente en ese movimiento y en el frente, y antiguo compañero del MTD Solano cuando coordinaban en el MTD Verón. Ese día sí usé el grabador, y estoy todavía trabajando en la desgrabación (ardua) y redacción de la entrevista, que publicaré en breve. En esa oportunidad mencioné el interés que me habían generado las palabras de Valdemar Jara y la respuesta de Solana fue respetuosa aunque distante. De cualquier modo, en la respuesta que Miguel Mazzeo publicó en Prensa de Frente a una declaración de Raúl Zibechi, se pueden leer algunas referencias más o menos directas en el sentido de esta discusión.

Si bien esta discusión se da entre movimientos sociales particulares, a causa de sus particularidades y de sus diferencias, y a causa de su historia, resulta interesante dar cuenta de que la autonomía y la horizontalidad de las experiencias populares, más o menos organizadas, es un tema de discusión que está vigente y encuentra su razón de ser en el ámbito de los intentos más genuinos de construir alternativas políticas viables en sintonía con las discusiones teóricas al respecto. No son discusiones vanas ni estériles, y no están confinadas al mundillo intelectual sino que emergen de las alternativas que se están buscando desde lo práctico. Esta situación muestra la vigencia y la urgencia que el pensamiento anarquista y libertario en general adquieren en un contexto histórico en el que se están reformulando las condiciones de posibilidad en el lenguaje político.

Ya no es factible decretar la esterilidad de ciertas prácticas de forma hegemónica como los autodesignados verdaderos revolucionarios lo han hecho históricamente. Ese error en el que largamente se ha persistido hoy encuentra una oposición real, viable y práctica que desnuda la necesidad de ir en busca de invenciones políticas que no sean reprimidas en nombre de la revolución o de la urgencia alimentaria. “Es irritante que venga un tipo que gana cinco mil pesos por estar atrás de un escritorio en una universidad a decirte que vos no sos revolucionario”, dijo en un momento Valdemar. Y tiene razón. Más allá de lo que efectivamente esté haciendo el MTD Solano, de lo que yo aún no puedo decir nada, es perfectamente cierto que las ínfulas de los intelectuales de la “revolución” han dado más tela a las consolidaciones hegemónicas que a las experiencias libertarias. De esta forma, hay quienes creen que se puede hablar mucho de Lukács, Marx y de las condiciones objetivas y al mismo tiempo acusar de principistas susceptibles a quienes promueven experiencias autónomas sin dejarse llevar por los mandatos de operatividad de la tradición militante.

Lo operativo puede no ser, necesariamente, un campo de acción tan reducido que se parezca, como a veces se parece, a la tradicional lucha por la hegemonía y el Poder. En la medida en que la forma en que se puede (ver mirarnos los ojos) establece los criterios de operatividad, todo aquello que produzca una cierta exigencia sobre las condiciones de posibilidad promoviendo nuevas formas de vida podrá ser acusado de falto de operatividad. El punto en cuestión es que la operatividad tiene su razón de ser en lo que se intenta hacer, y eso es algo que, posiblemente, esté diferenciando al MTD Solano de otros movimientos sociales.

la refracción

Yo vivo en La Lucila. Para quienes no conocen, puedo decir que es un barrio residencial inscripto en el barrio de Olivos (usamos el mismo código postal) y forma parte de los barrios privilegiados de la zona norte del GBA (gran Buenos Aires). La diferencia entre vivir al norte o al sur de la ciudad de Buenos Aires en algunos casos es abismal, y perfectamente análoga a la diferencia norte-sur a nivel mundial.

Movido todavía por mi reflexión en torno a la refracción (ver refracción) pregunté cuál era su apreciación respecto a este asunto de vencer las diferencias y las distancias entre experiencias sociales tan distintas, y cómo es que se establecen, si es que se establecen, los puentes comunicantes entre una y otra realidad. Ellos me comentaron que tienen relación con mucha gente y en cada caso los puentes se establecen de modo diferente, que son distintos puentes y no uno sólo. “Incluso tenemos contacto con gente de Olivos”, dijeron.

Ahí es donde puse un pero “con carrera”. Empujado por mi experiencia en la fricción con las intentonas caritativas de mucha gente de Olivos, lo que brotó de mí fue una sentencia prejuiciosa: “burgueses con culpa”, dije. Ellos se encargaron de aclarar que en este caso no, aunque sí en otros casos. Lo cierto es que esto abrió un camino en nuestra charla que me parece interesante y que tiene que ver con las realidades diferentes de una y otra parte. “¿Por qué a veces tienen problemas para venir hasta acá?”, preguntó Valdemar retóricamente en referencia a sus compañeros de Olivos. “Porque no tienen con quién dejar los pibes”, contestó, para luego agregar: “no es como acá, que los dejás con cualquier vecino”. “”, dijo Silvia, “pero tienen también un montón de cosas resueltas”.

Neka reparó en que no es tan así, que aparecen nuevos problemas que tienen que ver, por ejemplo, con que mucha gente alquila y a precios altos, por lo que entra luego en unos círculos viciosos de los que es muy difícil salir y que te insertan en el sistema de explotación casi sin dejarte opciones. “Las necesidades son otras”, dijo no sé quién, a lo que me permití agregar que son distintas nociones de la necesidad. Lo que se estaba confrontando eran dos modelos, dos formas de vida: la incluida en el sistema capitalista de producción y consumo, y la otra, la que sin estar del todo excluida es confinada a una marginalidad y a un ninguneo que terminan abriendo puertas hacia invenciones sociales y hacia políticas para hacerlas posibles. Muchas veces en este segundo lugar, a diferencia del primero, lo colectivo es cotidiano.

Cuando volvía pensaba (tenía casi tres horas para pensar). También leía el librillo El taller del maestro ignorante que me dejaron donde relatan las experiencias del taller de educación popular que pusieron en marcha junto al colectivo situaciones, y en el que voy encontrando (aún no lo termino) aproximaciones muy consistentes con lo que persigo en el desarrollo del taller vincular. Pero lo que pensaba tenía que ver con la reflexión. Y es que hace mucho tiempo que no encuentro una sensación de entendimiento como la que sentí esa tarde.

Silvia contó lo que otra compañera le había contado. En una asamblea, hecha una propuesta, algunos compañeros asintieron diciendo sí. Y entonces ella, la compañera que contaba, preguntó algo así como: “¿Sí de ‘sí’, sí de ‘te entendí’ o sí de ‘me da lo mismo’?”. Y es que, muchas veces, hay quienes dicen sí por nervios o para evitar confrontación, es decir que lo hacen desde un lugar pasivo o, cuanto mucho, solamente reactivo, y sin comprender los alcances de lo que está en juego. Ese ha sido un obstáculo para el movimiento en su búsqueda de horizontalidad, obstáculo que parece estar siendo vencido, o al menos contenido, con la perseveración, la reflexión y el trabajo.

Y entonces me dije que entre esta gente y yo el índice de refracción no ha de ser tan alto. Al menos no tanto como el que padezco con los vecinos de mi barrio, o con los “portadores sanos” de un cotidiano cualunque. Veremos qué es lo que pueda yo aprender más luego de lo que verdaderamente ocurre en el MTD Solano. Mientras tanto solamente puedo dar cuenta de una proposición tan sólida como dinámica y tan clara como su indefinibilidad. Y entonces digo sí a la búsqueda de autonomía, sí a la búsqueda de horizontalidad, sí a lo colectivo, sí a lo cooperativo, sí a la autoafirmación como sujeto colectivo capaz de poner en marcha proyectos genuinos de transformación social. Y es un sí de sí.