La anarquía de los medios es un medio de control

Es sabido por todos, también por ellas, que los intereses detrás de las empresas que controlan los llamados “medios de comunicación” son antilibertarios en la medida en que están circunscriptos a la concentración de Poder económico y político. No tiene sentido seguir sobre lo mismo. Tampoco quejarnos como niños en berrinche acerca de lo mal que nos tratan y lo hipócritas que son. Lo interesante es ver cómo operan para promover la lectura entre líneas que es una de las herramientas que tenemos a mano los comunes a la hora de enfrentarnos a la hegemonía del pensamiento único.

Para empezar es claro que, según el perfil de cada medio, el “target” varía. Unos persiguen un sector con aspiraciones fashion de cosmopolitan people, otros apuntan a los 100 barrios porteños, otros a los pueblos hermanos de la Patria Federal, otros a los progresistas ma non troppo, etc. Todos saben que la mayor parte de la población es bastante pobre, de limitada formación y escasa autonomía. De la composición de índices de mercado y asesorías técnicas surgen los autores, aquellos que componen, como seudo sujetos, los discursos que ametrallan desde las barricadas televisivas, gráficas o radiales. El secreto está en el casting.

Todo en un medio es publicidad, porque es propaganda dirigida a intereses económicos, lo cual no se aleja mucho de las definiciones del caso. Y esa publicidad opera sobre mentes de consumo. Se consume fantasía y se consume realidad. Desde el punto de vista periodístico, se consume información. Ya preparada por décadas de masividad informativa, la población, como una multitud indivisible, ansía con el pico abierto el gusanito que mamá pájara pondrá en sus fauces. No investiga, no mastica. Ingiere predigerida la noticia que aplaca, ordena, contiene, delimita la conciencia colectiva en un circuito de verdades como pasillo, como tránsito de engorde para el carneo.

Así ocurre entonces que la velocidad es un recurso sagrado. Todo es veloz. Y, ahí donde todo es relativo, es imposible pensar velocidad sin aceleración. Todo es veloz y más veloz. El asunto es que no haya tiempo para pensar, para medir y ponderar, para establecer diferencias y asimilar el gusanito en su total condición, ni para leer entrelíneas, ni para romper el círculo vicioso y dejar de mirar la pantalla.

La información no libera: lo que libera es el hecho de la liberación. En todo caso, podrá decirse que no hay liberación sin voluntad y acción coherentes, sin pensamiento y pasión, en fin, sin la vida humana. La función que tiene la información es la función que tenga el discurso formativo, es decir, ese relato cuya forma, contenido y contexto establecen una realidad. Ante esa realidad, opinada siempre, siempre imaginaria, la elaboración, asimilativa, repulsiva, analítica, orgánica, sintética o como sea, dará una nueva condición de realidad al sujeto que la opere. La elaboración es acción de un sujeto que puede haberse entregado o no. En este aspecto, la entrega es entrega de la condición de sujeto, es decir, de la capacidad de ser sujeto, entendida esta, por ahora, como capacidad de ser sí mismo, o, en otra palabra, autoridad.

La autoridad que solemos aceptar o combatir, esa del uniforme o del prestigio, no es sino autoridad delegada, es decir, la condición de ser sí mismo delegada en un otro Otro, en una otredad autorizada por nosotros queriéndolo o no, conscientes o no, pero siempre obedientes. Esa otredad autorizada se nos impone como un lugar en el que nosotros somos reflejo. Ese es el sentido actual de los medios de comunicación: darnos un lugar que nos instituye ahí. Es así cómo la información mediatizada por la prensa se nos vuelve identitaria, nos constituye en la medida en que expresa una realidad desde un lugar autorizado, y sólo en la medida en que podamos referirnos todos a una misma realidad pasaremos de multiplicidad a multitud, nos convertiremos en sujeto múltiple y, como tal, susceptible a la manipulación totalitaria.

En la medida en que la delegación de autoridad se mantenga en la zona oscura de los mecanismos inconscientes, la operación social de los medios de comunicación será efectiva. Seguiremos discutiendo si Grondona es el hijo de puta que se dice, o si Lanata va a explotar como un sapo y si se lo merece, pero no dejaremos de autorizar el medio que nos cuenta lo que necesita que sepamos aún sin que le demos credibilidad: aún cargada de mentira, la información es efectiva en la medida en que no logremos observar el mecanismo totalitario que opera detrás de la prensa.

Así es como, a fuerza de reiteración o de colocación en el territorio de la forma en que se dice, ciertos términos en los medios de comunicación se resignifican y operan como imposición ideológica en la medida en que el reflejo que de nosotros da es lo que nosotros nos acostumbramos a ser. Nuestro lenguaje, aquél que nos constituye, eso que somos, lo aprendemos fundamentalmente en la escuela, en la familia y en la tele, tres instituciones sociales que vienen a ser las instituciones instituyentes, el lugar de los sentidos, del establecimiento de la realidad. Una nota en Clarín vale diez años de historia. La utilización de una palabra en un sentido determinado por un medio de comunicación masivo adquiere un valor, un sentido, una importancia (aquello que importamos, eso que, viniendo desde afuera, portamos desde adentro) que no alcanza a tener la historia misma de lo que hemos hecho o vivido. Incluso esa historia se oficializa actualmente a través de la prensa. Un libro de historia es más verosímil cuando lo escribe un periodista.

Así es cómo la palabra esa que tanto me ocupa se convierte fácilmente en su negación. La anarquía de los medios es un medio de control porque los medios son la autoridad delegada, y la pantalla opera como opera un delantal. Se dice de la anarquía el caos, y como génesis de lo sagrado el control se hizo. Ya la anarquía son los muertos de Oaxaca en manos de “desconocidos”, la rebelión de “grupos populares” y no de la población, el “caos”, etc, etc, etc. Así como la crisis causó 2 muertos más, Oaxaca está al borde de la anarquía.

Ante eso, nosotros nos miramos víctimas potenciales, nos constituimos vulnerables ante la violencia del descontrol, y nos entregamos asustados a la institucionalidad que nos proteja. Porque también la policía es mala si no está controlada por las instituciones democráticas y por la libertad de prensa, condiciones ambas indispensables para el desarrollo libre de las naciones y la garantía de los derechos humanos. Ya hasta nuestras victorias se han vuelto peligrosas. Hoy hablar de los derechos humanos es hablar de Montecristo, de los abogados y los jueces, del gobierno macanudo de Kichner campechano, y de la bondad de los Fernández como garantes de nuestra civilidad. Nada de Oaxaca.

Como decía antes, el secreto está en el casting. El discurso no está escrito en las planillas diarias del noticiero, sino en las condiciones de posibilidad de las mentes locutoras. También los dueños de la prensa han aprendido mucho. Y así nosotros tenemos, imperiosamente urgente, la necesidad de la reflexión profunda, de los tiempos propios, y de las lecturas entrelíneas. Y usted preguntará ¿quiénes somos nosotros? Pues nosotros somos eso: lo mediatizado, los sujetos sujetados por la información.

Notas

1 Lo sujeto es lo sujetado. Habrá que ver qué hacemos con esta palabra que no responde a la idea que venimos elaborando desde hace mucho, y en la que nos obsesionamos en el siglo veinte.