La desaparición aparecida

El éter

El 21 de septiembre recibí un correo electrónico de cuyo texto extraigo el siguiente fragmento:

Julio López, ex detenido-desaparecido, testigo y querellante en el juicio oral contra el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, se encuentra desaparecido desde el lunes 18 de septiembre de 2006 por la mañana.

Julio tiene 76 años, testimonió sobre su secuestro, sucedido en octubre de 1976, llevado a cabo por una “patota” que integraban, entre otros, Etchecolatz. Estuvo detenido-desaparecido en los centros clandestinos Destacamento policial de Arana, “Pozo de Arana”, y Comisaría Quinta de La Plata.

Debía presentarse el lunes 18/09 para presenciar los alegatos de las querellas contra el represor en el edificio de la Municipalidad de La Plata, y al no comparecer se descubrió su ausencia desde muy tempranas horas.

Ante esta situación, que se prolongó durante todo el día, se realizó el mismo día lunes la presentación de un Habeas Corpus ante la Justicia, y se está llevando a cabo una ardua búsqueda en la ciudad de La Plata desde ese día.

Página 12, el 20 de septiembre, publica la desaparición dentro de la cobertura de la sentencia que condenó a Etchecolatz. En un “ver aparte” publica: El Ministerio de Seguridad bonaerense dispuso ayer la búsqueda, por vías institucionales, de Jorge Julio López, el albañil de La Plata torturado en 1976 por el ex comisario Miguel Etchecolatz, quien está desaparecido desde el martes pasado cuando debía concurrir a presenciar el alegato del juicio en el que participa en calidad de víctima, testigo y querellante. La Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos presentó un habeas corpus en la Justicia y denunció su desaparición en diferentes organismos estatales.

El mismo día, la Nación publica: Etchecolatz volverá ahora a la cárcel de Marcos Paz mientras sus abogados apelan la condena por privación ilegal de la libertad y torturas en perjuicio de Nilda Eloy, Jorge Julio López y de homicidio agravado en perjuicio de Nora Formiga, Elena Arce, Margarita Delgado, Patricia Dell Orto, Alfonso De Marco y Diana Teruggi.

Además, Jorge López, querellante en el juicio, desapareció hace dos días, cuando iba a la audiencia. Representantes de organismos de derechos humanos improvisaron anoche una rueda de prensa para denunciar el hecho.

Y, el mismo día, Clarín: Julio López también aportó un testimonio valioso. Ayer, la Policía buscaba a este hombre que hace dos días tomó el micro para ir al municipio platense —donde se realizó el juicio— y todavía no aparece. Ambos declararon haber sido torturados por Etchecolatz. Y después de 30 años pudieron confrontar la mirada del antiguo carcelero.

Está claro que no son estos los únicos periódicos del país, pero, ¿puede dudarse que sean los de mayor influencia en la opinión pública? Y, además, ¿puede dudarse que, como a la historia, a la opinión pública la escriben los que mandan? Yo creo que no, que en esto no hay dudas. Porque el mandato del que manda está impreso en las voces que se oyen, en las que gozan de la dignidad acreditada para ser oídas. Así fue cómo la desaparición de Jorge Julio López apareció en los medios nacionales de mayor trascendencia política dos días después de que fuera presentado el hábeas corpus. Así y todo, el gobierno tardó en manifestarse un rato más.

Casi no hace falta decir nada acerca de las tres diferentes lecturas que hacen los tres hyperdiarios. Solamente señalar que ninguno dio a la noticia el carácter histórico que tiene. A dos días de presentado un habeas corpus, un querellante y testigo del juicio a Etchecolatz, ex detenido desaparecido, se hallaba nuevamente desaparecido. Su ausencia en la corte pudo suponer la obstaculización del proceso. No hace falta sostener ninguna hipótesis particular para que el hecho sea suficientemente importante, y merezca entonces ser atendido por el gobierno y por la prensa de manera diferente.

El Gobierno

A Jorge Julio López actualmente se lo busca de forma masiva desde todos los sectores políticos, incluyendo al Gobierno de la provincia de Buenos Aires (que ofrece una recompensa de $200.000.- a quien dé información certera de su paradero) y el Gobierno Nacional. Distintas controversias políticas aparecieron respecto a las declaraciones del gobernador Solá, que dijo que podría ser “el primer desaparecido desde los años del terrorismo de Estado”.

La Nación, en nota del 26 de septiembre de 2006, titulada Una palabra que desnuda los miedos de los argentinos, y firmada por Jorge Rosales, dice que Los temores de Solá de que pueda haber sido secuestrado para amedrentar a otros testigos en juicios en los que se investiguen violaciones de los derechos humanos ¿no existían antes de que se lo viera al ahora desaparecido por última vez?.

El mismo artículo termina con el párrafo siguiente: Para llevarlo al plano de formular una afirmación tan contundente, como hablar de desaparecido, que tiene una connotación política que en nuestro país no se puede soslayar, necesariamente uno se tiene que preguntar si los temores que invaden a Solá se respaldan en información que todavía no se ha hecho pública. ¿O se apoya en su intuición, que indefectiblemente lo debe llevar a las peores sospechas, cuyo final está abierto y puede acabar con sus aspiraciones políticas?

¿A qué se refiere La Nación con eso de desaparecido por última vez? ¿Por qué habla de información que todavía no se ha hecho pública y de la intuición del gobernador, asegurando que indefectiblemente lo debe llevar a las peores sospechas?

En todo caso, ocurre que los intereses políticos del Poder, sector social en el que, increíblemente, puede encontrarse uno con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, hay tensiones y rivalidades que condicionan el tratamiento del tema, y que no son en absoluto ajenas a la prensa. Hay que ver quién se queda con la mejor parte (la del héroe) y quién con la peor (el que recoja el peludo de regalo). Así es como Felipe Solá primereó a Néstor Kirchner escupiendo la palabra maldita y abriendo el juego para mentir transparencia y compromiso, y para venderse como el justiciero de la historia. En un pase de magia encontró traspapelados unos sesenta malos tragos (que luego pasaron a ser 400) de los que pasó a retiro a 36, en un acto de arrojo democrático. Con su León ladero, la Policía Bonaerense se parece mucho a la “mejor policía del mundo”.

Por su parte, Página 12, en nota del 25 de septiembre de 2006, defiende la hipótesis de que la desaparición de Jorge julio López se debe a razones psicológicas y no a un secuestro. Cito entero el siguiente párrafo, que me parece muy significativo:

“Evidentemente hay versiones contradictorias de cómo ocurrió esto, pero confiamos que pueda aparecer pronto”, afirmó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en referencia a las distintas hipótesis que circulan. De hecho, un grupo de psicólogos se agregó a la búsqueda, contemplando, entre otras alternativas, el esfuerzo emocional desmesurado que hizo este testigo clave para enfrentar el juicio. Según indican las pericias hechas sobre su diario personal, durante los días previos a su desaparición, “tenía confusiones mentales”, mezclaba los nombres de torturadores con jugadores de fútbol. “Me da bronca que lo traten como a un viejo loco”, exclamó Adriana Calvo, otra ex desaparecida, que estuvo reunida ayer con más de 70 organizaciones en vistas a la concentración del martes (ver aparte). Calvo comentó que López “había hecho un proceso interesante antes de presentarse a declarar. Tenía borrada su historia. A partir de recorrer lugares donde estuvo detenido y de reencontrarse con otras personas que sufrieron lo mismo, fue mejorando su estado de ánimo y recuperando el orgullo por su militancia”.

Si estas líneas hubieran aparecido en los años 70, el diario Página 12 las estaría citando como argumento de la complicidad de la prensa de la época con el régimen imperante. Diría, seguramente, que pretenden diluir el impacto de la noticia de una desaparición forzada asociándola a una hipotética insanía mental del desaparecido. Alberto Fernández, jefe de gabinete nacional, aparece aquí buenamente esperanzado por la aparición de López, y particularmente atento a la contradicción de las hipótesis. La Nación, en cambio, no habla tanto de Alberto Fernández como de Felipe Solá. Por otra parte, siguiendo el juego estrábigo de kirchner, Página 12 trata de loco a Jorge López (mezclaba los nombres de torturadores con jugadores de fútbol) pero inmediatamente lo reivindica para terminar de sepultarlo: no está loco, está trastornado por sus padecimientos. Y esto último recurriendo a las omnipotentes comillas recontextualizando las palabras de Calvo, quien milita en favor de la aparición de López en denuncia de las responsabilidades de los dos gobiernos.

En la línea de Página 12, aparece Hebe de Bonafini pidiendo la cabeza del gobernador provincial y de su secretario de seguridad. Ella, que en su historia militante ha gritado con justicia, una y mil veces, “¡aparición con vida, ya!”, dice, parafraseando a Eduardo Duhalde, que le quieren tirar un muerto a Kirchner (La Nación, 29 de Setiembre de 2006), y esgrime una sospecha sobre la víctima de la primera segunda desaparición de nuestra historia. Marchará luego junto a D’Elía y a espaldas de HIJOS, a espaldas de la comisión de ex-detenidos desaparecidos, a espaldas de la multitud que le reclamó al Estado lo que históricamente las Madres reclamaron al Estado: aparición con vida. La desaparición de un testigo es responsabilidad del Estado. Y, lo que es ahora más importante, la aparición también lo es.

30.002

En el medio de todo esto, hay un aparecido del que casi no se habló. Se trata de un cuerpo calcinado que apareció en el camino negro, en Punta Lara, aparentemente ahorcado y con un disparo en el pecho, es decir, muy a la usanza de algunos de los crímenes gubernamentales de la dictadura y de la triple A.

El diario platense Hoy publica, el 21 de septiembre, lo que sigue:

También se supo que el cuerpo hallado anoche, calcinado en la localidad de Punta Lara pertenecería a un hombre de entre 30 y 50 años, por lo que no sería de López.

Fuentes de la fiscalía que investiga el hallazgo, a cargo de Marcelo Martini y Javier Berlingheri, confirmaron que “en principio no coincide la edad, ya que se trata de una persona de entre 30 y 50 años”.

“El cadáver está calcinado en gran parte del cuerpo, por lo que no hay muchos restos que permitan otra identificación, como cabellos y ropa, por lo que hay que esperar las pericias odontológicas”, destacaron.

Los voceros informaron que “telefónicamente, los médicos de Policía Científica adelantaron que la persona calcinada recibió un disparo en el pecho, pero se desconoce aún si falleció por ese disparo o por la acción del fuego”.

La aparición de este cuerpo calcinado conmocionó a familiares de López y a integrantes de organismos de derechos humanos, que temieron que pudiera pertenecer al albañil de 77 años desaparecido desde el lunes.

“El cuerpo apareció en un camino que durante la dictadura fue usado para arrojar cadáveres torturados y está a 15 cuadras de la casa donde vive el presidente del Tribunal que condenó a Miguel Etchecolatz”, afirmaban anoche con estupor integrantes de organismos de derehcos humanos. (sic).

El 23 de septiembre, el mismo diario publica la voluntad del gobierno provincial de separar a 60 policías de su cargo por haber trabajado en campos de concentración de la dictadura. En esa nota menciona que Felipe Solá instruyó una rigurosa investigación interna para dilucidar con exactitud el origen de la información falsa que confundió el cuerpo hallado con Jorge Julio López., con lo que asume una probabilidad importante de que exista una relación entre ambos casos a través de una participación de sectores o personas internas de la fuerza policial. Esto es fácilmente sospechable desde afuera, pero una sospecha desde adentro, como la del gobernador, mediatizada y pública, hace que la sospecha se afiance y fortalezca.

Al día de hoy no hay noticias que den algún dato útil sobre el aparecido calcinado ni de la investigación interna.

El éter

El 27 de septiembre Jorge Ginsburg entrevistó, en su programa televisivo de Canal 13 llamado “Mañanas Informales”, a Adriana Calvo, militante de la asociación de ex detenidos-desaparecidos. No conozco a esa mujer. No sé nada de ella más allá de lo que vi en esa entrevista. Y lo que vi me conmovió. Me conmovió su integridad, su claridad, su elocuencia. Para evitar confusiones periodísticas o las tradicionales hipótesis de los excesos individuales, esporádicos e inconexos, dijo que la bonaerense tortura, la bonaerense asesina. Claramente no usó tiempos pasados, porque no lo son. Hablamos de asesinatos y torturas de una fuerza que no está purgada porque los funcionarios de la purga son esa mierda que se pretende purgar con los discursos, y porque los agentes responden a los intereses de la agencia. ¿O hace falta recordar las responsabilidades políticas que han tenido en diversas circunstancias quienes gobiernan la institucionalidad que impera? Me refiero a sus funciones antes, durante y después de acciones criminales como los asesinatos de Barrionuevo, Kosteki y Santillán, o los asesinatos de centenares de personas en manos de las fuerzas policiales denunciados por CORREPI, o las torturas y agresiones varias sufridas por detenidos y presos en comisarías, y etc etc.

Digo, la lista sería repulsivamente interminable. Nadie puede venir con cuentos a esta altura. Tampoco Hebe de Bonafini. Y en este sentido vuelvo sobre palabras de Adriana Calvo. Ante la pregunta de Ginsburg acerca de si las amenazas seguían contestó que sí, que por supuesto que siguen. Y contó una: A Chicha [en referencia a María Isabel Chorobik de Mariani] le cerraron el gas y lo volvieron a abrir desde la calle. Fue un civil en bicicleta. No estamos paranoicos.”. También dijo que Aníbal Fernández, actual ministro del interior, maltrató a quienes lograron entrevistarse con él por este asunto, con expresiones de una bajeza impune características de esta clase de funcionarios.

En este mismo programa del 27 de septiembre, Ginsburg puso al aire un fragmento de un programa anterior, del día 20 de septiembre, en el que entrevistó a Gustavo López, hijo del todavía desaparecido Jorge Julio López. En ese programa, luego de la puesta al aire de la foto de su padre por primera vez, Gustavo López dijo: hasta ayer pensaba que se podía haber ido de casa, pero ya no. Se refería a que el tiempo, a medida que pasa, va fortaleciendo cada vez más la hipótesis del secuestro político vinculado a la causa Etchecolatz. Luego de la repetición, Ginsburg dijo: lejos de sentirme orgulloso por haber puesto por primera vez al aire la foto de Jorge López, me parece vergonzoso que no haya salido antes. Y es que, como también subrayaba Ernestina Pais, las primeras 24 horas de una desaparición son cruciales, y el contexto de esta desaparición ameritaba asumir la peor posibilidad de entrada.

El éter ya no es el medio en el que se propagan las ondas electromagnéticas, sino el espacio de la negación, el del ocultamiento, el espacio donde nada sobrevive a las garras de los interpósitos, los mediadores, los deleznables Medios Formadores de Masas capaces de dar pie a las peores complicidades y vencidos solamente por su propia ineficacia o por la elocuencia de los subproductos de su mala leche. Algo así pasó con la masacre de Avellaneda. Algo así no pasó ahora, cuando la desaparición tardó tanto en aparecer que dio tiempo suficiente para otro nuevo estrago espeluznante.

La marcha atrás

El 27 de septiembre marchamos desde el Congreso a la Plaza de Mayo. Algunos de los que estuvimos ahí fuimos convocados por la convicción de que la urgencia de la situación amerita una confluencia que muchos solemos evitar. De otro modo no habría razón para que algunos que no creemos que el Estado pueda ser un interlocutor válido para los asuntos de los comunes, o que las estructuras de vocación y práctica hegemónicas y verticales, como por ejemplo (y son solamente algunos entre tantos) el Partido Obrero o cualquier Peronismo, puedan confundirse en la compañía de los compañeros, estemos ahí, esquivando banderas.

Pero la desaparición de López es un asunto de tremenda urgencia y es bestialmente elocuente. Por eso es imperdonable la ausencia de Madres y de Abuelas. Por eso es imperdonable la falta de cobertura que hubo de una marcha que movilizó a unas 150.000 personas, calculo yo [1], sin que pueda ser útil esa cifra más que para dar una idea aproximada y para subrayar que no se han dado cifras en ningún lado.

A pesar de que hace rato que discrepo fuertemente con las declaraciones y con la posición política de Hebe de Bonafini, nunca había imaginado que, ante una desaparición vinculada al enjuiciamiento de torturadores, ante una desaparición de un desaparecido, Hebe pudiera colocarse rotundamente en defensa del gobierno, enfrentándose a organismos de ex desaparecidos, y atacando al desaparecido con la retórica nefasta de los históricos negadores que intentaron siempre ocultar lo que las madres hicieron ver.

Así fue como marchó la marcha, y así fue como se hizo otra, más perpendicular que paralela, al día siguiente, de la que tampoco se dijo casi nada. A esa no fui. No sé cuánta gente fue [2]. Sé que estuvieron presentes dos funcionarios claves del gobierno en su avance sobre la cooptación de los movimientos de resistencia popular: Luis D’Elía y Hebe de Bonafini.

En síntesis

Al día de hoy no hay noticias útiles sobre el aparecido calcinado. No hay datos útiles sobre el desaparecido Jorge Julio López. No hay información útil sobre las marchas. Sin embargo, hay mucha información de funcionarios preocupados, activos y comprometidos con la causa de los derechos humanos, o contradictorios, desorientados y culpables, según el diario que se lea. Hay discusiones sobre una reforma constitucional de afectaciones electorales, sobre las campañas proselitistas, sobre el presupuesto nacional.

Y, “además”, hay una desaparición aparecida y una aparición que desapareció. Los Medios de Prensa, los Medios Formadores de Masas, han dicho “hágase la realidad”, y la realidad se hizo.

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Notas

[1] El cálculo lo hago a partir de lo que vi en la marcha, y de la única mención periodística que encontré al respecto, que es la que hace La Nación, en su edición del 29 de septiembre, en la que dice que Más de siete cuadras de manifestantes marcharon en forma pacífica desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo portando una bandera: “Exigimos al Gobierno la aparición con vida ya de Julio López”., lo cual es, al menos, metafórico, en la mediad en que había demasiadas banderas, algunas muy distintas de otras, y muchos que fuimos sin ninguna. Sí es cierto y textual que esa exigencia fue la única y unánime convocatoria. Por lo demás, calculo unas 12.000 personas por cuadra, en función de unos 3.000 m2 a razón de 4 personas por m2. Eso sumado a los 21.120 m2 de la plaza (recordemos que está reducida a la mitad), lo cual implica unas 84.480 personas más, la cuenta da un resultado de 168.480. Considerando que esto es una aproximación, y considerando que a La Nación le interesa exagerar un poco, hablar de 150.000 personas me resulta razonable.

[2] En este caso, La Nación, en esa misma edición, se encarga de aclarar que menos de 300 personas agrupaban a todo el sector oficialista de piqueteros y movimientos de derechos humanos. Temo que han de ser varios más, aunque no sé cuántos fueron a esa marcha.