El poder de las comillas

Ufa

En medio de las fantochadas peronistas de Kirchner y de las mil obsecuencias de organizaciones cuyo prestigio ha caído en manos del mismo circo, avanzan los juicios a algunos hijos de mil putas de la talla de Etchecolatz, en el marco de la arremetida judicial sobre ellos promovida por el actual gobierno.
Así es como llegamos a un Raúl Alfonsín sentado ante un micrófono dando testimonio en un juzgado, y a la cobertura periodística del tema que, a riesgo de transformar este artículo en un pataleo de berrinche, declaro que me tiene las pelotas por el piso.

Tomo dos ejemplos emblemáticos: Página 12 y La Nación, con sendos artículos que pueden leerse aquí y aquí, respectivamente.

No voy a descubrir hoy las tendencias políticas de cada periódico. Lo que quiero protestar es el uso de los recursos periodísticos para manipular deliberadamente la historia y el acontecimiento del que se pretende dar cuenta en tanto noticia, así como la constitución de las ideas que se pretenden afianzar para la mejor utilización de los recursos humanos en favor de sendos intereses políticos y económicos.

Los artículos

De movida, dos titulares: “Que Kirchner comprenda que no nació de un repollo” (La Nación) y “Se buscaba la pacificación” (Página 12).

En el primero se pueden leer mil historias de conspiraciones que colocan a Kirchner donde está, pero con una tacitud que nada tendrá que ver con el relato que, por el contrario, da cuenta de las voluntades democráticas del ex presidente durante su gobierno, y de la complicidad del actual presidente en las acciones políticamente incorrectas (es decir, políticamente correctas en tanto han sido legales y funcionales a los intereses que las promovieron, pero éticamente cuestionadas). Me refiero (se refieren) al pacto de Olivos, a la reelección menemista y a la privatización de YPF. Es decir, atacan, con palabras de Alfonsín, a Kirchner, en el marco delimitado por el conflicto que éste último tiene con la UCR por este asunto de los radicales K o los radicales D, según los taxonomizó Mariano Grondona hace unos días, en función de las categorías opuestas de kirchneristas o dignos.

En el segundo titular se asocia directamente la posición política de Alfonsín con las corrientes pacificadoras características de los homicidas y sus cómplices, que usan la palabra pacificación como eufemismo de inmunidad, impunidad y amnistía. Esta asociación es perfectamente coherente con la histórica posición reduccionista de Página 12 al respecto.

Ambos artículos titulan con expresiones propias de Alfonsín, según lo señalan las comillas. Lo que sigue son imputaciones de cada uno de los artículos a dichos de Alfonsín (transcriptos textualmente según las mancias del copy & paste):

La Nación: “Los jefes del Estado Mayor -dijo Alfonsín- eran defensores de las instituciones del Estado, pero me hacían conocer la situación en que se encontraban las fuerzas que comandaban, presionándome de alguna manera para obtener la amnistía. A nadie se le puede ocurrir que nosotros podríamos haber procesado a mil militares en actividad, no teníamos la fuerza necesaria para hacerlo.”

En otras palabras: Alfonsín cedió a las presiones de un cierto sector, que para nada incluía a las autoridades militares, en un momento en el cual no había más opciones.

Página 12: La estrategia del abogado defensor Luis Boffi Carri Pérez consistía en probar que las leyes de impunidad no se aprobaron por coacción. En ese sentido se dirigieron sus preguntas. “Me niego a decir que fuera extorsionado, pero los jefes del Estado Mayor me hacían conocer la situación en que se encontraban las fuerzas que comandaban y eso me hacía suponer que era necesaria una solución”

En otras palabras: Alfonsín defendió a Etchecolatz (en el artículo se aclara, a diferencia del otro, que Alfonsín asistió a declarar como testigo de la defensa) en medio de una estrategia legal, negando que haya sufrido presiones.

Página 12: “Dictamos esas leyes con dolor. Queríamos evitar la interrupción del orden constitucional. Se buscaba la pacificación del país”

En otras palabras: otra vez la pacificación: alfonsín, además de hipócrita, es malo malo malo.

La Nación: “Había presiones muy duras. No podíamos llevar a mil militares en actividad a proceso, no teníamos la fuerza necesaria. Dictamos esas leyes con dolor. Queríamos evitar la interrupción del orden constitucional. Me agrada que en estos momentos se pueda hacer justicia”

En otras palabras: no había más remedio, pobre Raúl.

En definitiva, coexisten la acusación y la defensa. Alfonsín como responsable de la impunidad de los represores de la dictadura, y Alfonsín como promotor de los juicios a las juntas, víctima de los condicionantes políticos de la época. Y todo con palabras de Alfonsín.

En el artículo de la Nación no aparece la palabra pacificación, ni la supuesta ironía del ex presidente con la que comienza el artículo de Página 12: “¿No soy yo el imputado, no?” ironizó.

En una subnota de Página 12, dentro del mismo artículo, titulada el repollo de kirchner, se da lugar a la aclaración: “Me jugaba en la época del Proceso cuando otros no aparecían y ahora critican”, se quejó el ex presidente, que dijo comprender los abucheos de H.I.J.O.S., que “ conocen y sufren lo que ocurrió” […] “Kirchner quiere hacer creer, sobre todo a los que tienen menos de 30 años, que recién ahora se está iniciando la lucha por los derechos humanos, como si no hubiera habido juicios a las juntas”. Pero la nota principal termina diciendo: no pudo con su genio: “Quienes tienen 30 años ni saben lo que ocurrió, por ese motivo se pueden hacer prédicas que niegan la historia”, aseguró. El ex mandatario se marchó entre los abucheos de los militantes de H.I.J.O.S.

¿En qué quedamos?¿Respeta o no respeta el entendimiento y el conocimiento de H.I.J.O.S.?¿Acusa una manipulación o es un necio viejo y descangallado? Y esta confusión, ¿es propia de las contradicciones del descangallado o es responsabilidad de los recortes periodísticos?

En definitiva, se ven a las claras los personajes que ambos periódicos pretenden construir con el rostro de Alfonsín, de un Alfonsín ex presidente que juega el juego que siempre jugó, el de la manipulación política y mediática, la negociación en las sombras y las declamaciones éticas mucho más arrogantes y épicas que las trenzas que trenza.

Las ideas

En realidad, lo que busca La Nación no es reivindicar a Alfonsín y a su trayectoria democrática (a la que se opuso históricamente) sino respaldar la candidatura de Lavagna en contra de Kirchner. En este momento Alfonsín y la Nación (junto con Duhalde) están detrás de la promoción de Lavagna como candidato capaz de disputarle el trono a Kirchner, en representación del sector corporativo de la política argentina que derrocó al delarruísmo, aparateó las asambleas barriales, bastardeó la reacción popular y reconstituyó las hegemonías políticas, colocando en el gobierno a un Kirchner que se les infló como un seamonkey. Así fue cómo la candidatura del ex ministro fue lanzada, mucho antes de su lanzamiento, en el programa de Mariano Grondona por representantes de distintos sectores, entre los que estaban representados el duhaldismo y el alfonsinismo, este último en la persona de Ricardo Alfonsín, el hijito. Por eso, en medio de la promoción de conflictos entre Kirchner y los militares, entre Kirchner y la iglesia, entre Kirchner y la oposición, etc etc, La Nación ocupa sus líneas en golpear la imagen del presidente y de sus aliados y obsecuentes, y toma partido en la ruptura del radicalismo por el alfonsinismo.

Por otra parte, lo que hace Página 12 es fortalecer la imagen del presidente, más que atacar a Alfonsín. Por eso, en medio de la promoción de conflictos entre Kirchner y los militares, entre Kirchner y la iglesia, entre Kirchner y la oposición, etc etc, Página 12 ocupa sus líneas en respaldar la imagen del presidente y de sus aliados y obsecuentes, y toma partido en la ruptura del radicalismo por los radicales que negociaron con el kirchnerismo, así como exagera posiciones de apoyo a las organizaciones como HIJOS, Madres o Abuelas, compañeras de palco de los actos de propaganda kirchneristas, en la misma línea de Canal 7, Canal 13 o Canal 11. El enfrentamiento entre dos estructuras políticas en competencia por la representación del mismo sector de la burguesía nacional se deja leer entre los renglones de los diarios. De esta forma, entre comillas, todo es mentira.

Yo tengo 32

Según Página 12, Alfonsín no pudo con su genio: “Quienes tienen 30 años ni saben lo que ocurrió, por ese motivo se pueden hacer prédicas que niegan la historia”, aseguró.

Hay muchos que sabemos lo que ocurrió. Pero saber, en estos casos, no significa demasiado.

En esto quiero ser prudente. Los hechos y la historia son cosas distintas. Hay hechos contrastables, pero su significación nunca es objetiva, y lo que la historia atiende es la significación de los hechos. Así es como puede haber tanta diversidad de opinión ante algunos episodios aparentemente tan claros y evidentes.

Uno de estos episodios es el que hila el juicio a las juntas, las leyes de punto final y obediencia debida, y los posteriores indultos. Es cierto que la diferencia generacional traza diferencias de lectura y, en muchas ocasiones, genera distorsiones de perspectiva, análogas a las que ocurren cuando uno mira a las cosas desde lejos, pero análogas también a las que ocurren cuando uno las mira desde cerca.

En todo caso, a mí me toca recordar las noticias del juicio, del mismo modo como me toca recordar las dudas familiares de los festejos del mundial, como me tocó estar en la plaza de las famosas pascuas del 87, por voluntad propia, y del mismo modo en que recuerdo las amenazas de exilio de esa noche, después del orden de la casa y de los cristianos deseos de Alfonsín desde el balcón. Los que tenemos 30 (o 2 más) hemos vivido algo, recordamos cosas, y, sobre todo, podemos comprender bastante. Lo que permite que se hagan prédicas que niegan la historia no es la diferencia generacional, sino la manipulación de los discursos y la fabricación de Ideologías. Son las presunciones de verdad y las patrañas retóricas de los comunicadores, los educadores y los políticos las que generan ese vacío repleto, esa nada en otros términos, la plenitud de historias e ideas ajenas en las que los discursos que abajo se rezan como propios están vacíos de identidad y responden a las comillas de los otros.

El hilo

Entonces ese hilo zurce cosas muy distintas. La obediencia debida y el punto final son leyes particularmente nefastas que están inscriptas en un orden legal e institucional al que combatimos quienes promovemos la anarquía. No son leyes cualesquiera. Afectan particularmente un aspecto rabioso de nuestra identidad colectiva y miles de rabias genuinas, honestas y legítimas, identidades y desidentidades, masificaciones carnívoras, torturas y opresiones. Y, particularmente, denuncia que la constitución legal de nuestra sociedad es un padecimiento y no una libertad. La Ley es un instrumento de opresión de tal sofisticación que admite ser presentada como recurso de los libres y como garante de la libertad. Y, lo que es en este caso lo más significativo, contiene las válvulas de escape necesarias para que algunos puedan escapar. Así es como la legislación da lugar a leyes de amnistía, a indultos y a exabruptos de todo tipo, estados de sitio, etc.

A diferencia de los indultos, las leyes de amnistía pusieron fin a un proceso legal de enjuiciamiento de los homicidas cómplices del genocidio. Los indultos dejaron libres a los genocidas que habían sido enjuiciados y condenados. Pueden considerarse (y yo los considero así) aberrantes todos, pero es importante diferenciarlos. No para preservar la imagen de ningún presidente, de ningún juez ni de ningún gobierno, inaceptables todos, sino para enfrentar la manipulación de los discursos, la fabricación de historias, la rotunda mentira en la que estamos acostumbrados a vivir.

Es cierto que el procesamiento judicial de los dictadores durante el primer gobierno democrático fue histórico a nivel mundial. Y es cierto que hubiera sido imposible sin la decisión política del gobierno, como es cierto que no han sido los montoneros o la JP los únicos combatidos, perseguidos, asesinados, exiliados, de la última dictadura militar.

Los personajes de este sainete comparten camarín. El gobierno menemista derrocó al alfonsinista con los mecanismos que ya se han vuelto costumbre: cerco económico, quita de apoyo de los mercados internacionales, agitación social, campaña de prensa, saqueos, etc. En Latinoamérica siempre hay caldo para esos cultivos, siempre hay traidores dispuestos a jugar esos juegos, poblaciones hambrientas, tensiones políticas, intereses extranjeros, etc. Así fue como recuperó el gobierno el peronismo a principios del 2002. La caída del gobierno delaruista a fines del 2001 contó con las mismas características, pero produjo mayores desastres en la inmediatez (me refiero a los 30 muertos) y fue pergeñada por una coalición de fuerzas políticas que incluyen al alfonsinismo, al duhaldismo y al alvarismo, representando al sector de la burguesía nacional que fue derrocado en el 89. En cierto punto, Alfonsín habla del repollo de Kirchner porque lo conoce muy bien.

Ninguno de todos estos monstruosos agentes de la coacción y de la coerción, representantes del Estado en tanto institucionalidad política pero, fundamentalmente, en tanto institución cultural, goza de mi respeto. Pero me rompe soberanamente las pelotas que se de lugar a la demonización de un gobierno pasado por hacer, en tiempos en los que los costos y los riesgos eran muchísimo mayores, lo mismo que el gobierno presente hace, y al que por eso se instituye como héroe de las luchas sociales.

Esta demonización sólo puede dar lugar al fortalecimiento del gobierno como lógica y al Estado como lenguaje, fortaleciendo al principal enemigo de las luchas sociales mediante la delegación de la autoridad a través del liderazgo. Este liderazgo se construye con la mediatización de la información, y sea en reivindicación de Kirchner o en oposición a él, la manipulación es perversa y pretende, lográndolo las más de las veces, preparar el rebaño del pastor. Hoy no protesto al Estado instituido en el gobierno. Hoy protesto al Estado instituido en la comunicación.

Sic

Los hechos son los hechos: no le importan a nadie. Lo que importa es su relato. Así es como funciona el discurso político que hoy es conocido como información. Los más grandes avances de la tecnología de los últimos años están centrados en dos ámbitos: el militar y el de las telecomunicaciones. Es lo que ha ocurrido siempre: debemos a las intensiones imperiales de los Estados Unidos de América los partidos de fútbol por la spika, gracias a la invención del transistor.

Cada vez es más intensa la diferencia entre las palabras y las cosas. Parece que hemos ido elaborando las tecnologías del discurso mientras creímos alejarnos cada vez más del reino animal donde mandan el hambre, la sed y el frío, el alimento y el refugio. Y tan lejos fuimos poniendo la palabra que la hemos ido vaciando. Pero es necesario combatir la idea de que ya no importan las palabras. Así es como fuimos perdiendo inteligencia social. El mandato de acción sin reflexión, la identificación del discurso con la burocracia y la manipulación, son la contracara de esta lejanía resalvaje.

Los demagogos saben que la palabra viene perdiendo elecciones, que ya no es verosímil, que la mentira es más probabilizada que la verdad, que la honestidad en el discurso se presume inexistente. Así es como, al tiempo que los noticieros novelan la realidad para darle impacto y notifican acerca de las telenovelas y de los cantantes latinos, aparecen las ficciones llamadas reality shows, se expande el dogma 95 (tuvo sentido alguna vez) en el cine de cámara en mano e iluminación y sonido reales, y las prolijas desprolijidades de las producciones de realidad.

Y en el papel de texto escrito, ahí donde lo único que hay es palabra contra papel o pantalla, el periodismo de la realidad pública publica sus dichos en boca de otros, razones de fantasía, verdades entre comillas.

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Notas

1 Uso la mayúscula para referirme a la imposición ideológica en el marco de las elaboraciones que hice en en torno a la anarquía. Para más detalle, ver la Idea de la idea es la idea de la Ideología.

2 Nunca se sabe muy bien quién recuperó a quién.

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