4::¿Qué es el taller vincular?

Actualmente, es un proyecto de elaboración teórica de un modelo de formación autogestionaria, libertaria y no educativa a partir de la problematización de situaciones prácticas en forma colectiva.

Para entenderlo mejor, partamos de la palabra educación y de las ideas implicadas.

Desde el punto de vista etimológico, educación viene del latín y está compuesta por un prefijo ex (del cual sólo ha quedado la e inicial en educación), que significa fuera, y ducere (educación), que significa conducir. De esta forma, se interpreta su significado etimológico como “conducir hacia afuera”, o “conducir desde afuera”, según se intente defender distintas posiciones ideológicas. Tradicionalmente, educar está asociado con dar cultura, siendo tantas veces equivalente decir de alguien que “es muy educado” o que “es muy culto”. Sin embargo, al comparar estas dos expresiones, rápidamente notamos que hay una diferencia fundamental de significados y sentidos. Alguien “muy culto” es alguien que tiene cierta erudición, que “sabe mucho”, que tiene mucha “cultura”, mientras que alguien que es “muy educado” es alguien que aprendió muy bien lo que le fue enseñado, que tiene “buenos modales”, etc. En este punto aparece claramente el término latino ducere como constitutivo de la palabra educar. En su significación etimológica y en la experiencia y prácticas concretas relativas a la educación, encontramos que hay siempre una referencia a una conducción, a un liderazgo o magisterio, que implica una solapada imposición cultural por parte del docente (conductor) sobre el alumno (del latín alumni, sin alimento) que será nutrido con el saber del sistema que lo educa.

Es cierto que esto parece una sutileza extrema, pero parece porque no lo es. En los hechos, la realidad de los sistemas educativos, siempre en mayor o menor medida dependientes del Estado desde que este existe, operan sobre la sociedad volcando en las nuevas generaciones las pautas culturales de las generaciones previas, que hacen de la formación cultural de una sociedad un sistema de conservación de valores y cosmogonías que obstruye la posibilidad de cambio, asignando el protagonismo de la formación al docente y colocando al aprendiz en condición de alumno. Así como el educado es objeto de la educación, el culto es objeto de la cultura: de algún modo, el sujeto de la formación cultural siempre es tácito.

Todo esto no significa que hay que destruir las escuelas y analfabetizar a todos los niños, absurdo que se opone, con diversos matices de ridiculez, a los planteamientos que cuestionan la institucionalidad del sistema educativo. El desafío consiste en discernir si lo que queremos es dar lugar a la formación de cultura nueva a partir de la cultura vigente, o si queremos reproducir el sistema cultural vigente, del que emergen los sistemas políticos y sociales que conocemos.

Ante este cuestionamiento, la necesidad de investigar alternativas tendientes a la formación autogestionaria, me llevó a la proposición del taller vincular.

El nombre hace referencia a los dos aspectos básicos de los que surge como modelo. La palabra taller está relacionada al trabajo y, a través de eso, a la práctica concreta de una actividad de la que se pueda aprender, de forma análoga a la que utilizan los artesanos para transmitir su oficio a un aprendiz. Actualmente, los sistemas educativos incorporan la palabra taller para identificar cierto tipo de “clases prácticas”, habitualmente relativas a disciplinas vinculadas con las artes, como el “taller de plástica” y reducciones por el estilo. Esta “incorporación del taller en el aula”, como suele decirse, no va mucho más allá de la excepcionalidad dentro de una estructura sistémica, y de un metamensaje que sigue en pie tanto en el “taller” como en la “clase” (currículum oculto).

En el caso del taller vincular, la palabra taller vuelve sobre sí para identificarse nuevamente con el taller de oficios, en el cual el aprendizaje surge verdaderamente de la problematización práctica de los asuntos implicados, en vez de convertir a la práctica en la excusa de una estrategia docente tendiente a la inculcación de contenido teórico planificado.

Por otra parte, la forma tradicional de transmisión de conocimientos en el taller, no difiere en absoluto de la lógica característica de los roles de docente y alumno. Esto se debe a que en ambos casos el contexto cultural que les da sentido es igualmente jerárquico. A esta jerarquización de roles en lo relativo a la formación, la perspectiva trazada por la existencia vincular en la primera edición de enta da lugar a la composición de nuevos roles ante la proposición de un nuevo ámbito formativo. Así es como llegamos a la idea de taller vincular como proyecto de elaboración del marco teórico a partir del cual se puedan poner en marcha las experiencias prácticas tendientes a crear ámbitos formativos colectivos (sujeto colectivo), autogestinarios (no reproductivo), no educativos (sin liderazgos ni jerarquías), y libertarios (tendientes al bienestar común, indefectiblemente ligado a la libertad).

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notas

2 “Del verbo latino colere (del que derivan colonia, colono, colonizar, colonialismo), cuyo supino (forma nominal) es cultum y que significa cultivar” (http://www.elalmanaque.com/noviembre/7-11-eti.htm) Alguien culto es alguien cultivado por otro alguien.

3 “El currículum oculto se puede definir como el conjunto de contenidos que se transmiten de forma implícita en un contexto educativo. El término ha sido acuñado por el pedagogo norteamericano Jackson en su obra La vida en las aulas (1968) y ha sido tema de numerosas investigaciones fundamentalmente en los países anglosajones.” El currículum oculto visual: aprender a obedecer a través de la imagen, María Acaso y Silvia Nuere, Universidad Complutense de Madrid/Ces Felipe II de Aranjuez, en revista Arte, Individuo y Sociedad 2005, vol.17 pags. 205-218

4 Probablemente nos resulte más habitual pensar, en el ámbito del taller, en un maestro y un discípulo, en vez de un docente y un alumno. Si bien el primer término en ambos casos conduce por otro camino al mismo lugar, el segundo hace hincapié en el aprendizaje (discípulo, del latín discere, aprender) y no en la ausencia de saber o conocimiento en tanto “alimento del alma” (alumni).

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