1::¿Qué es la anarquía?

Si le preguntamos a cualquier persona que crucemos en la calle qué es la anarquía, lo más probable es que nos responda: la anarquía es caos. Luego, puede que se nos diga que la anarquía es que cada uno haga lo que quiera. Más tarde, si seguimos preguntando, alguno nos dirá que anarquía es terrorismo. Por último, si tenemos suerte, quizás nos crucemos con alguno que conteste anarquía es libertad.

Lo que ocurre aquí es que la misma palabra está asociada a ideas distintas, según lo que cada persona elabora en su vida. Sin embargo, la generalidad que hace a una respuesta más frecuente que a otras, nos muestra que las ideas de una persona están dentro de un contexto que es social y que tiene Ideas propias que pasan a ser referencias Ideológicas de las personas que viven en esa sociedad.

Así es como, a través de distintos mecanismos y dispositivos, la clase dominante de una sociedad va dando significados a las palabras. Pero, en rigor, esto último es cierto muy parcialmente. En realidad, la construcción social de significados es dinámica, de modo que el mismo uso de una palabra puede (y de hecho así ocurre) resignificarla, al mismo tiempo que existen mecanismos que resisten o promueven esos cambios, según convenga a quienes tengan el Poder.

Actualmente, en una sociedad mediatizada por los Medios de Comunicación, el uso de ciertas palabras con ciertos significados es condicionado precisamente por los Medios, que suelen resignificar deliberadamente, por asuntos de intereses comerciales o políticos, esas palabras.

Estamos hablando, entonces, del significado de las palabras, es decir, de las ideas que esas palabras evocan. Aquello que las personas respondieron en nuestra hipotética encuesta callejera sobre la anarquía, es precisamente cuál es la idea que en ellos evoca esa palabra. Entonces tenemos por un lado la palabra anarquía y, por otro lado, la idea anarquía. Si bien la palabra es siempre la misma, la idea no siempre lo es.

En nuestro caso, tratando de entender qué es la anarquía, nos encontramos con una idea particularmente manipulada. En las definiciones de diccionario la encontramos, en general, como sinónimo de caos. Ese mismo uso se le da en los Medios de Comunicación. Pero la asociación con el caos omite deliberadamente la historia misma de la palabra, y eso no sería tan grave si en esa omisión no hubiera una negación completa de un significado que fue abundantemente desarrollado y que dio lugar al movimiento sociopolítico que hoy conocemos como anarquismo.

Para entender mejor el significado de la palabra anarquía resulta muy útil estudiar, aunque sea ligeramente, su etimología. Anarquía viene del griego, y está compuesta por un prefijo an, que implica negación, y arquía, que viene de arkhos y que significa gobierno. Sin embargo, este último término, arkhos, es bastante más complejo. En una primera aproximación a su significado, tenemos que decir que el gobierno al cual se refiere no es cualquier gobierno, sino aquél que está legitimado por la naturaleza, a la que los griegos llamaban physis. Pero, a su vez, esa naturaleza, en los más antiguos tiempos de Grecia, no estaba diferenciada de lo divino como lo estuvo luego y como lo está ahora. Así es como el término arkhos diferencia ese tipo de gobierno de aquél que estuviera legitimado por las leyes del hombre (nomos) y que era referido con la palabra kratos, de la que proviene el término cracia que dará lugar, luego, a palabras como democracia. Tenemos entonces dos familias de palabras, que son las que hacen referencia a arkhos (monarquía, oligarquía, jerarquía, etc.), y las que hacen referencia a kratos (democracia, aristocracia, burocracia, etc.)

En la primera familia aparece la palabra jerarquía. Esta palabra usa el término Hieros, que significa sagrado, componiendo el significado de “gobierno de lo sagrado”. Esta palabra se utilizó originalmente para identificar la forma de gobierno de la Iglesia, que siempre fue característicamente vertical. Es por eso que llega a nuestros días la palabra jerarquía asociada a una idea de verticalidad y de prestigio, que obliga a los cargos menos jerárquicos a obedecer y respetar, como si fueran sagrados, a los cargos de jerarquía superior.

Es necesario entender, precisamente, la idea de jerarquía para entender la idea de anarquía. Esta palabra que nos ocupa fue históricamente utilizada en contradicción a la palabra jerarquía como expresión de la “negación de verticalidad” y luego “negación de todo gobierno”. Es claro que aquí hay una extensión de su sentido etimológico original, dando lugar a una confrontación característicamente insolente en la medida en que declara no respetar lo sagrado de la verticalidad.

Este término, originalmente negativo (en el sentido de que niega verticalidad, no en sentido valorativo) se positiviza a partir de que Joseph-Pierre Proudhon la utiliza para autodenominarse anarquista en su libro Qué es la propiedad, que es considerado como el primer uso de la palabra en el sentido sociopolítico que da lugar al anarquismo.

Por eso es que, si tuvimos suerte, el último de nuestros transeúntes nos respondió que anarquía es libertad. Esta persona sabía que el diccionario no expresa, generalmente, la completa significación de la palabra y que los Medios de Comunicación y la Escuela enseñan que no hay orden posible si no hay verticalidad en las relaciones humanas, asociando entonces la horizontalidad promovida por la palabra anarquía con la falta de orden que se le adjudica al caos.

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notas

1 En cuanto a las respuestas del tipo “cada uno hace lo que quiere”, es preciso señalar que en ellas se supone una voluntad individual siempre en conflicto con las otras, tendiente a una expansión infinita y avasallante de todas las demás. No hay razón para suponer tal cosa salvo en condiciones socioculturales como las actuales y de las que, precisamente, las corrientes sociopolíticas relacionadas con la anarquía han querido, quieren y querrán salir. Enta elabora esta posición cuyo desarrollo excede las posibilidades de este texto.
Y en cuanto a la relación entre anarquía y terrorismo, esta se debe a la manipulación política de la historia de las luchas sociales, identificando la anarquía con el anarquismo y reduciendo a éste a la mera aglomeración de personas violentas movidas por el rencor social, en vez de atender las condiciones sociales y políticas que han movido, más de una vez, a los hombres a revelarse violentamente contra la opresión. Sin entrar en discusión acerca de la legitimidad del uso de la violencia, es importante separar la idea de violencia de la de terrorismo, siendo una relativa a los medios de acción y otra a una específica finalidad de los mismos, que no ha sido nunca reivindicada por el anarquismo. Existe una perversa inversión de cargos en la que toda una institucionalidad violenta, compuesta de ejércitos y tropas policiales, acusa de violentos y terroristas a quienes combaten la violencia institucional en una clarísima inferioridad de condiciones. Por último, el uso de la violencia no es característico del anarquismo, sino que ciertas corrientes y en ciertos momentos históricos la han promovido, al igual que todo movimiento revolucionario. No olvidemos que nuestra sociedad actual está parada sobre la sangre de más de una revolución a las que se considera heroicas, y sobre tantísimas más represiones políticas de las que no se habla.

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